Cuando bajo a la casa por la calle de limón se ve al fondo las chimeneas serias de la fundidora de Monterrey (sus caireles de acero, diría alguna vez Gerson Gómez). Las banquetas tienen árboles y algunas copas bajan y cubren en ocasiones la calle. Ese es mi territorio. En la esquina de independencia y limón vive la familia de Diana Bocanegra y en lo alto de su casa hay un balón amarillo y una bandera de los Tigres. Una calle más adelante, está la tienda de Don Tomy, cuyos hijos siempre fueron grandes y macizos y cuando se lo proponían podían desinflar a cualquier ratero. Más adelante, en el cruce de limón con la privada Gardenia, está la casa de los Garza, donde hace mucho tiempo se reunían Los Panthers, la pandilla rival de mi familia.
Finalmente, en Gardenia y Limón está la casa de mis abuelos, esa por donde salió mi tío Ruben a casarse, esa por donde salió mi abuelo y mi tía Martha al panteón.
En esa esquina, con la casa de fondo, en las vacaciones de verano era ritual que después de que terminaran las "Supervacaciones" en la televisión, saliéramos a jugar beisbol. Poníamos las bases en las esquinas y nos apurábamos para el partido. La pelota siempre terminaba volándose sobre las casas. Fue en esa esquina donde mi abuelo Eugenio se sentaba sobre una piedra bola a despedir a todos sus hijos y nietos que pasaban necesariamente por ahí rumbo al trabajo o la escuela. Ahí se casaron también Pancho y Veva y fue la tornaboda de mi tío Rubén.
Durante un tiempo un río pasaba a un lado de la casa y mujeres de blanco asustaban. A un lado, también, algunas veces terminaban los pleitos entre los panthers y los chidos, justo en la banqueta. Sí, somos violentos. Los Ramos siempre lo han sido, a contra de los Revillas políticos y diplomáticos. En esa casa recibimos la noticia del robo de algunos primos y de esa casa salimos todos corriendo cuando una vez mi tía Martha chocó en Ruiz Cortínez.
En otro tiempo, vivían ahí más de cinco primas y todas eran asustadas por espíritus. Una vez, después de muchos sueños, decidieron cavar para sacar un tesoro. La tierra salía blanca, como betún, pero en cuanto llegó una tía y dijo: "ahora nos volveremos ricos", se volvió dura como escamas de hierro. Luego, las sobrinas se casaron y se fueron y yo me fui a vivir ahí. Rentaba un cuarto donde estaban mis libros, mi computadora, una sala y una cama. Ahí recibía a Sonia y a pocos amigos que iban a hacer tareas de la facultad. Ahí mis hermanos se encerraban a veces a hacer sus tareas y usar la computadora mientras escuchaban música. A veces, mi primo Ismael se quedaba a dormir ahí. Eran buenos tiempos. Todos estában vivos. Mi tío Roberto llegaba a casa desde la mañana y yo oía cantar a mi tía Martha canciones infantiles como: "metete Teté, que te metas, Teté" o sus radio novelas de Kalimán.
Una noche, después de una fiesta, llegué a casa y ahí estaba Ismael. Había movido todo en el cuarto. La cama estaba fuera de lugar, las colchas en el piso, algunos libros fuera. Apenas encendí la luz le pregunté a Ismael: ¿Qué haces? Ismael estaba hincado y arañaba el suelo. Volvió el rostro y me miró. Sudaba a causa del calor y me dijo: "Aquí hay dinero".
Acomodamos todo y me dormí. No sé si haya dinero ahí abajo a pesar de tanto espíritu y sueños. Tal vez el mejor valor de esa casa es saber que ahí escuché la radionovela de Kalimán, que ahí estaba el taller de herramientas de mi abuelo, que ahí lo velamos hace mucho tiempo y que mi abuela puso una cruz de cal que se hacía chiquita conforme pasaban los días del novenario. También ahí fui muy feliz con Sonia cuando fui feliz con ella y fui muy triste cuando fui triste con ella. Sólo sé que ahora la casa es de mi papá y mía. Y no pensamos hacer nada con ella más que mantenerla viva, como desde hace ya muchos años, siempre ahí, en Gardenia 1918, con el cruce de la calle que Limón por donde más adelante, rumbo a Ruiz Cortínez, está la casa de los Garza, luego el abarrotes de Don Tomy, la casa de los Bocanegra con el balón. Y subiendo por Limón, muy arriba, ya no se ve la casa, pero sí las chimeneas de la Fundidora de Monterrey, sus caireles de acero hondeando en el viento.
Thursday, September 23, 2004
Wednesday, September 22, 2004
Retratos familiares
Escribo, generalmente, varias cosas a la vez. Tengo una novela concluída que al volver a leer me da naúseas de lo mala que es. Tal vez funcionó en su tiempo para extraer una depresión asombrosa y de raíces fuertes que se alargó más de lo debido. Así que cuando leo esta novela es como leer sobre una enfermedad largo tiempo superada.
Pero escribo generalmente, siempre, no a todas horas, pero no hay semana que no me siente e intente contar algo o descrifrar algo con las modestas herramientas que Dios me ha dado y con las lecturas que entre amigos y maestros he ido almacenando.
Estos días debo de terminar el libro del Conarte, ya, y enviarselo a Montemayor pero también acabo de de terminar una primera versión de "Nada más es una casa", un libro de cuentos simples y sencillos, que es lo que intento ahora.
Así que me consuela otro proyecto personal, uno que inicié hace algún año y lo continuo. Se llama "Retratos Familiares". Es simple, son reseñas y estampas sobre amigos y amigas, sobre los trabajos y ciudades donde he andado, sobre memorias que se pierden luego, igual que este blog al que regresaré con los años.
Llevo ya más de veinte estampas y cuentos cortos. He aquí el primero y como estoy seguro esto sólo lo leen los amigos, amigos, aquí se verán un día:
Cordelia
El nombre de Cordelia significa corazón y yo he guardado su nombre y recuerdos dentro del mío. Recordar es también, repasar por el corazón. Y yo a veces repaso por mi corazón la primera vez que la vi. A veces me pregunto cuánto gané y cuánto perdí con esa mirada de reojo y no encuentro respuesta. Vestía de blanco y cargaba al hombro un pequeño morral café. Aunque no vi su rostro, su perfume ya había echado raíces en mis nervios, en los escalones y en la penumbra de las escaleras. Desde entonces su perfume me ha perseguido en carreteras y en solitarios salones de internet. Apenas la encuentro por teléfono o la leo en un mail, su aroma aparece juguetón y luminoso como esa tarde. Mucho de Cordelia me recuerda a la solidez de la piedra porque en su amistad, con el apoyo de su natural alegría, de sus arranques de alegría, uno puede edificar recuerdos catedralicios, apadanas de buenas palabras, murallas para contener la intransigencia, cariátides para iluminar la entrada de los días. Pero también me recuerda la fiesta, el barullo, manzanas almibaradas, papas crujientes con salsa, algodones de azúcar y es que en Cordelia hay una escondida predisposición para la feria. Una vez en Cholula gané para ella un rompecabezas. Y aunque nunca se lo di, —creo que lo extravié—, ahora intento armar con estas líneas el rompecabezas de lo que es ella, su misterio, su sonrisa y para armar este juego la recuerdo, la pienso, la vuelvo a pasar por mi memoria. Cor: cordis; corazón. Es el origen de su nombre. Corazón es igual a Cordelia.
Pero escribo generalmente, siempre, no a todas horas, pero no hay semana que no me siente e intente contar algo o descrifrar algo con las modestas herramientas que Dios me ha dado y con las lecturas que entre amigos y maestros he ido almacenando.
Estos días debo de terminar el libro del Conarte, ya, y enviarselo a Montemayor pero también acabo de de terminar una primera versión de "Nada más es una casa", un libro de cuentos simples y sencillos, que es lo que intento ahora.
Así que me consuela otro proyecto personal, uno que inicié hace algún año y lo continuo. Se llama "Retratos Familiares". Es simple, son reseñas y estampas sobre amigos y amigas, sobre los trabajos y ciudades donde he andado, sobre memorias que se pierden luego, igual que este blog al que regresaré con los años.
Llevo ya más de veinte estampas y cuentos cortos. He aquí el primero y como estoy seguro esto sólo lo leen los amigos, amigos, aquí se verán un día:
Cordelia
El nombre de Cordelia significa corazón y yo he guardado su nombre y recuerdos dentro del mío. Recordar es también, repasar por el corazón. Y yo a veces repaso por mi corazón la primera vez que la vi. A veces me pregunto cuánto gané y cuánto perdí con esa mirada de reojo y no encuentro respuesta. Vestía de blanco y cargaba al hombro un pequeño morral café. Aunque no vi su rostro, su perfume ya había echado raíces en mis nervios, en los escalones y en la penumbra de las escaleras. Desde entonces su perfume me ha perseguido en carreteras y en solitarios salones de internet. Apenas la encuentro por teléfono o la leo en un mail, su aroma aparece juguetón y luminoso como esa tarde. Mucho de Cordelia me recuerda a la solidez de la piedra porque en su amistad, con el apoyo de su natural alegría, de sus arranques de alegría, uno puede edificar recuerdos catedralicios, apadanas de buenas palabras, murallas para contener la intransigencia, cariátides para iluminar la entrada de los días. Pero también me recuerda la fiesta, el barullo, manzanas almibaradas, papas crujientes con salsa, algodones de azúcar y es que en Cordelia hay una escondida predisposición para la feria. Una vez en Cholula gané para ella un rompecabezas. Y aunque nunca se lo di, —creo que lo extravié—, ahora intento armar con estas líneas el rompecabezas de lo que es ella, su misterio, su sonrisa y para armar este juego la recuerdo, la pienso, la vuelvo a pasar por mi memoria. Cor: cordis; corazón. Es el origen de su nombre. Corazón es igual a Cordelia.
Friday, September 10, 2004
Garrido en la Academia Mexicana de la Lengua
Ayer jueves 9 de febrero, las puertas de la Academia Mexicana de la Lengua se abrieron de par en par para recibir a Felipe Garrido como académico de No. 17. Garrido ocupó la silla que antes fue nada menos de Alfonso Reyes. El evento se desarrolló en la sala Ponce de Bellas Artes y la multitud vestida de gala, salvo algunos sport tirándole al fodongo con Alicia y yo como máximos exponentes, escuchó el discurso de aceptación de Felipe.
Habló sobre la lectura, hizo una madeja de historias con El Quijote, con la eterna lucha contra el analfabetismo institucional. Nos dijo de sus andanzas por las tierras del norte, de la lucha contra la lectura sin interés. Si este país llega a tener en el futuro grandes lectores, será por el trabajo incancasable de Garrido, dijo Jaime Labastida al terminar. Felipe nos habló desde el corazón con un discurso que dejó de lado la semilla del gramático y del crítico literario. Nos contó de sus días en casa, cuando su padre le contaba el Quijote sin decirle que él no era el autor. Luego, nos dijo, lo terrible que fue descubrir años más tarde que su padre no era el autor de las andanzas del caballero de la triste figura. Evocó también, otras lecturas, pero siempre el Quijote, Dulcinea y Sancho, lo envolvían.
Al finalizar la sala se llenó de aplausos. Nos pusimos en pie, rechinaron los asientos y un conmovido hasta las lágrimas de Felipe, se puso en pie, agradeció los aplausos, recibió el diploma que lo hace miembro de la Academia.
Afuera todo era alegría. Pasaban las bandejas de vino y refresco, las bandejas de sushi, brochetas y bocadillos. Al final Alicia y yo fuimos a felicitarlo. Luego nos escabullimos pero atrás quedó frente a nosotros el inicio de una leyenda más en la Academia Mexicana de la Lengua.
Monday, September 06, 2004
Diez en redacción
Doy clases los sábados en el INEA. Es una labor sencilla y satisfactoria. Mis alumnos varían entre los 19 años de edad a los 56. Aunque he querido dar algunas clases de historia, siempre me terminan confinando a las materias de redacción o de textos literarios. No es queja. Me gusta dar esas materias. El literarios I ves, desde la sencilla pregunta con su difícil respuesta de qué es la literatura, hasta el hiérbaton del barroco. En literarios II analizas desde la idea de que somos una caña pensante, propuesta por Pascal, hasta lo último de la novela de postguerra. En Literarios III en cambio, empiezas escuchando el tiquititoto tiquititoto de la poesia nahuatl y terminas con esa monstruo de la literatura mexicana que es Farebouf.
Lo mismo pasa con redacción y como suele ser, las cosas se complican cuando se avanza. Redacción III es una cosa espantosa donde analizas las oraciones subordinadas adjetivas, sustantivas y adverbiales. Y este horror se vuelve mayor cuando tus alumnos no saben distinguir el sujeto del predicado.
Así las cosas, empezamos a estudiar el libro hace tres meses. Vimos las etimologías latina, los prefijos y sufijos griegos, lexemas, gramemas, supinos y demás de las palabras. La tarea se complicaba. Luego los estudiantes se fueron a presentar. El sábado nos dieron los resultados (es la SEP la que impone los exámenes, la SEP quien califica). María del Rosario sacó 10. Estaba ahí cuando le dijeron y vi cómo le brillaban los ojos hasta las lágrimas. Esta era la tercera vez que presentaba el examen. Nos miramos con complicidad y a mí me dio gusto que otra alumna pasara conmigo su materia. Cada día son más y me hace borrar con facilidad cuando de un grupo de 23 tronaban 23.
Ahora Rosario seguirá ya con el resto de sus materias y creo que no la volveré a ver en mis aulas pero sí en la escuela. Ese 10 creo que nos une. Ese 10 me sabe también a mí como lo mejor del mundo.
Lo mismo pasa con redacción y como suele ser, las cosas se complican cuando se avanza. Redacción III es una cosa espantosa donde analizas las oraciones subordinadas adjetivas, sustantivas y adverbiales. Y este horror se vuelve mayor cuando tus alumnos no saben distinguir el sujeto del predicado.
Así las cosas, empezamos a estudiar el libro hace tres meses. Vimos las etimologías latina, los prefijos y sufijos griegos, lexemas, gramemas, supinos y demás de las palabras. La tarea se complicaba. Luego los estudiantes se fueron a presentar. El sábado nos dieron los resultados (es la SEP la que impone los exámenes, la SEP quien califica). María del Rosario sacó 10. Estaba ahí cuando le dijeron y vi cómo le brillaban los ojos hasta las lágrimas. Esta era la tercera vez que presentaba el examen. Nos miramos con complicidad y a mí me dio gusto que otra alumna pasara conmigo su materia. Cada día son más y me hace borrar con facilidad cuando de un grupo de 23 tronaban 23.
Ahora Rosario seguirá ya con el resto de sus materias y creo que no la volveré a ver en mis aulas pero sí en la escuela. Ese 10 creo que nos une. Ese 10 me sabe también a mí como lo mejor del mundo.
Friday, September 03, 2004
2 de octubre sí se olvida.
Salen de todas las calles, las invaden estridentes, sin orden, como una puñados de piedras cuando caen de lo alto. Uno toma una piedra. El resto de la marcha, esa víbora de cabezas y cuerpos, de mochilas al hombro que gritan "Dos de octubre no se olvida, dos de octubre no se olvida" se aleja, se repega a las aceras, al lado opuesto de la calle donde un grupo combativo: camisas sueltas, pasamontañas, gorras con la imagen del Che; otros con pelos afilados y de colores, se acerca a la sucursal de Santander Serfin. El de la piedra mira hacia atrás. Arriba los helicópteros continuan estáticos. Hace unos minutos hubo enfrentamientos en avenida Reforma con los granaderos. La primera piedra sale y rompe los vidrios. Le siguen otras. Es en ese momento cuando entro a la marcha, cuando me escondo junto a las pancartas de la Universidad de Chapingo. Y seguimos, a paso lento, los cuerpos alejados unos de otros. Rostros morenos, miradas nerviosas, viejos combatientes, jovenes que bromean, algunos más que fuman, le dan forma a la caravana que ahí va, mansamente, adormilada, por avenida Doctor Río de la Loza.
Cuando pasamos frente a televisa veo cómo los vándalos: los de los bates de hierro, capuchas, con mochilas donde se multiplican cohetones, sprays y manoplas, atacan las primeras camionetas de Televisa. Al rato, entran en montón en un OXXO. Los cristales al caer arrastran nuestro ánimo. Alguién grita de miedo. Entonces, atrás de nosotros, aparecen los puercos. Son varias decenas de puercos todos ellos, con sus cascos azules, con sus escudos de plástico, las macanas listas, las que invaden y nos cierren el paso. Arriba siguen los helicópteros escalonados. Los de la policia, los de televisa y tv azteca maniobran encima de nosotros. A vecese se remontan y se van pero regresan a dar vueltas sobre nuestras cabezas.
Alguien grita que formemos vallas. Y nos vamos, nos abrazos y los puercos siguen atrás pero no me mueven. En algún momento veo por dónde puedo escabullirme de la marcha pero todas las salidas están copadas. No queda más que seguir adelante. Así seguimos. después del OXXO los vándalos robaron un Viana. En Madero tiraron un cohetón a una joyería que estaba cerrada. Al final llegamos al zócalo. Todo el que ha marchado alguna vez lo sabe. Toda marcha termina en una disolución. Se evapora la gente. Así terminó ese dos de octubre que sí se olvida. No el otro, el de a deverás. Ese que no se olvide nunca.
A veces me cuenta de cómo estuvo. Me cuenta gente que sí estuvo. Me habla de los balazos, de la entrada de los tanques y de la histeria. No sé qué pensar. Esta ciudad tiene una historia espesa hedionda, a veces una historia de llamas olímpicas y triunfos. Es lo único que puedo decir.
Cuando pasamos frente a televisa veo cómo los vándalos: los de los bates de hierro, capuchas, con mochilas donde se multiplican cohetones, sprays y manoplas, atacan las primeras camionetas de Televisa. Al rato, entran en montón en un OXXO. Los cristales al caer arrastran nuestro ánimo. Alguién grita de miedo. Entonces, atrás de nosotros, aparecen los puercos. Son varias decenas de puercos todos ellos, con sus cascos azules, con sus escudos de plástico, las macanas listas, las que invaden y nos cierren el paso. Arriba siguen los helicópteros escalonados. Los de la policia, los de televisa y tv azteca maniobran encima de nosotros. A vecese se remontan y se van pero regresan a dar vueltas sobre nuestras cabezas.
Alguien grita que formemos vallas. Y nos vamos, nos abrazos y los puercos siguen atrás pero no me mueven. En algún momento veo por dónde puedo escabullirme de la marcha pero todas las salidas están copadas. No queda más que seguir adelante. Así seguimos. después del OXXO los vándalos robaron un Viana. En Madero tiraron un cohetón a una joyería que estaba cerrada. Al final llegamos al zócalo. Todo el que ha marchado alguna vez lo sabe. Toda marcha termina en una disolución. Se evapora la gente. Así terminó ese dos de octubre que sí se olvida. No el otro, el de a deverás. Ese que no se olvide nunca.
A veces me cuenta de cómo estuvo. Me cuenta gente que sí estuvo. Me habla de los balazos, de la entrada de los tanques y de la histeria. No sé qué pensar. Esta ciudad tiene una historia espesa hedionda, a veces una historia de llamas olímpicas y triunfos. Es lo único que puedo decir.
Thursday, September 02, 2004
El caso de Ninnet
Leo y releo las notas de periódico de apoyo a Ninett Torres, becaria destronada de la beca del Centro Mexicano de Escritores. Leo que Ninett tiene 22 años y está embarazada y que en un acto de infinita crueldad Martha Domínguez le quitó la beca que con justa calidad literaria había ganado. Como si fuera una pesadilla de la que se despierta sólo para entrar a una pesadilla peor, Ninett (ahora ya convertida en personaje y no en una joven escritora oaxaqueña avecindada en el distrito federal y con siete ¿? meses de embarazo) va con Carlos Montemayor, uno de los dos tutores juntos del centro -el otro es nuestro decano poeta Alí Chumacero- y le cuenta el problema con Martha. Ahí se entera que Carlos apoya decididamente a la secretaria del Centro.
¿Cómo fue que llegamos a esto? No lo sé. No tengo la menor duda de que Martha Domínguez es la persona más extricta en cuanto a las faltas en el CME. Si faltabas alguna vez, y no avisabas, ella estaba entre sorprendida y molesta. Imagino que no lograba comprender cómo era que algún joven faltara a las sesiones del prestigioso centro. Martha es como el ángel con la espada a las puertas del Edén en esa casa en la colonia Villa de Cortés. A la siguiente semana, el becario faltante, tenía que ir con ella y lo primero que Martha le decía era: "Te descontaremos la falta de tu mensualidad ." Así las cosas, bajabas de su oficina y te ibas a arrellanar a la sala donde siempre está el café listo, a sentarte en esos sillones con los otros becarios y a platicar mientras Alí y Carlos Montemayor llegaban. Después salías y te encaminabas al metro o a tu coche y muchas veces a seguirla en una cantina o en un bar.
Los días en la beca del Centro Mexicano de Escritores son muy buenos. Alí Chumacero una vez al año te invita a cenar. Hay una comida formal de bienvenida con los tutores y miembros del consejo en un restaurante que Martha se encarga de seleccionar cuidadosamente (el prestigio del centro siempre está en juego). Luego, en la primer sesión, hay un brindis, otro cuando te vas de vacaciones por un mes y uno más al finalizar las sesiones.
En las paredes están las fotografías de Margaritte Sheed y de Alfonso Reyes. Rulfo, Fuentes, Arreola y demás descansan en el rellano de las escaleras. En una pared en el segundo piso, Martha coloca las fotos de todos los becarios que han muerto. Pero lo mejor es el tallereo, escuchar a Alí, a Carlos Montemayor y a los otros becarios. Con un sistema aguerrido de entregas, terminas o terminas tu proyecto que siempre crece bajo esas buenas guías.
Luego, cuando se acaba la beca, es un día más feliz. Finalmente ese viaje que fue el Centro Mexicano de Escritores termina y estas listo para lo que sigue que no es otra cosa más que seguir escribiendo.
¿Cómo es que hemos llegado a esto, me pregunto al leer el caso de Ninett Torres? No lo sé. Me consta que no hay una cláusula que impida a las mujeres embarazadas participar. Me consta que en ninguna parte del contrato que firmas se especula ni por asomo tremenda barbaridad. Es una lástima entonces, que con la misma meticulosidad con la que se hace todo en el Centro Mexicano, se haya manchado la reputación del mismo. Pero también es una lástima que en esta cruzada justa de Ninet Torres ambos queden marcados: ella, la escritora, que seguro estoy, publicará buenos libros y logrará todo eso por lo que pidió la beca; pero siempre será la rechazada del CME y el CME, mientras siga y debe de seguir, cuando se haga una revisión histórica de su increíble aporte a la literatura mexicana, quedará ahí, entre su yelmo, esa mancha opaca del caso Ninett Torres.
Lo peor es que es una mancha que pudo se evitada. Lo peor es que esos días buenos de Ninett en un Centro Mexicano alterno, habrían sido buenos, con tallereos, esperas, cobrar el cheque y salir a gastarlo con el placer que da gastar el dinero gracias a lo que te gusta hacer.
¿Cómo fue que llegamos a esto? No lo sé. No tengo la menor duda de que Martha Domínguez es la persona más extricta en cuanto a las faltas en el CME. Si faltabas alguna vez, y no avisabas, ella estaba entre sorprendida y molesta. Imagino que no lograba comprender cómo era que algún joven faltara a las sesiones del prestigioso centro. Martha es como el ángel con la espada a las puertas del Edén en esa casa en la colonia Villa de Cortés. A la siguiente semana, el becario faltante, tenía que ir con ella y lo primero que Martha le decía era: "Te descontaremos la falta de tu mensualidad ." Así las cosas, bajabas de su oficina y te ibas a arrellanar a la sala donde siempre está el café listo, a sentarte en esos sillones con los otros becarios y a platicar mientras Alí y Carlos Montemayor llegaban. Después salías y te encaminabas al metro o a tu coche y muchas veces a seguirla en una cantina o en un bar.
Los días en la beca del Centro Mexicano de Escritores son muy buenos. Alí Chumacero una vez al año te invita a cenar. Hay una comida formal de bienvenida con los tutores y miembros del consejo en un restaurante que Martha se encarga de seleccionar cuidadosamente (el prestigio del centro siempre está en juego). Luego, en la primer sesión, hay un brindis, otro cuando te vas de vacaciones por un mes y uno más al finalizar las sesiones.
En las paredes están las fotografías de Margaritte Sheed y de Alfonso Reyes. Rulfo, Fuentes, Arreola y demás descansan en el rellano de las escaleras. En una pared en el segundo piso, Martha coloca las fotos de todos los becarios que han muerto. Pero lo mejor es el tallereo, escuchar a Alí, a Carlos Montemayor y a los otros becarios. Con un sistema aguerrido de entregas, terminas o terminas tu proyecto que siempre crece bajo esas buenas guías.
Luego, cuando se acaba la beca, es un día más feliz. Finalmente ese viaje que fue el Centro Mexicano de Escritores termina y estas listo para lo que sigue que no es otra cosa más que seguir escribiendo.
¿Cómo es que hemos llegado a esto, me pregunto al leer el caso de Ninett Torres? No lo sé. Me consta que no hay una cláusula que impida a las mujeres embarazadas participar. Me consta que en ninguna parte del contrato que firmas se especula ni por asomo tremenda barbaridad. Es una lástima entonces, que con la misma meticulosidad con la que se hace todo en el Centro Mexicano, se haya manchado la reputación del mismo. Pero también es una lástima que en esta cruzada justa de Ninet Torres ambos queden marcados: ella, la escritora, que seguro estoy, publicará buenos libros y logrará todo eso por lo que pidió la beca; pero siempre será la rechazada del CME y el CME, mientras siga y debe de seguir, cuando se haga una revisión histórica de su increíble aporte a la literatura mexicana, quedará ahí, entre su yelmo, esa mancha opaca del caso Ninett Torres.
Lo peor es que es una mancha que pudo se evitada. Lo peor es que esos días buenos de Ninett en un Centro Mexicano alterno, habrían sido buenos, con tallereos, esperas, cobrar el cheque y salir a gastarlo con el placer que da gastar el dinero gracias a lo que te gusta hacer.
Saturday, August 21, 2004
En días de fiesta
Este año me la he pasado bien. Bueno, es cierto que no ha habido mucho dinero pero eso no ha sido impedimento para pasarla bien. No debería de serlo, pienso. Si debemos de hacer un ránking de fiestas, sin duda, una reunión en Monterrey que empezó como una simple reunión para tallerear distintos proyectos para enviar a concursos de literatura, sería la mejor. No porque de esa tallereada saliera una beca, sino porque después nos fuimos a la cantina del barrio, luego a una casa por Hacienda Mitras y después al centro a casa de César Gándara, sólo para terminar robándole libros, almohadas y cobijas.
Dos fiestas en Aguascalientes no han tenido comparación, pero una que antecedió a un viaje madrugador a Pachuca también está entre las primeras, por no contar aquel cumpleaños de Mónica Morales donde terminamos apagando el incendio en casa de su tío y escuchando el grito aterrador de: "El tanque de gas va a explotar" y yo justo a un lado de las llamas.
Un lugar que nunca queda mal, es ir a Xochimilco. Es increíble porque da una pereza increíble ir hasta allá, meterse a esa delegación, ir apretado en sus callecitas, soportar el tráfico, sólo para estar cuatro o cinco horas dando vueltas en los canales sucios y llenos de música. Pero ah, Xochimilco nunca queda mal y siempre que voy, ya sea con los trabajo, o los del taller o por mi cumpleaños, es delicioso.
Lo mejor son las borracheras espontáneas, de esas donde estas solo y luego le cae alguién y al rato salen las llamadas y sin darte cuenta ya son las cuatro de la mañana y tu andas conduciendo hacia otra ciudad. En Monterrey me divertìa bastante, pero en el distrito federal es distinto. Algo tiene la ciudad que te conduce a la euforia cuando sales ya de la fiesta y ves por circuito interior los edificios iluminados y sabes que vas a llegar a una casa que en realidad no es tú casa, sino un remedo de la que dejaste en otra ciudad.
Pero todo esto inició porque este ha sido un año de fiestas, aunque sin dinero. Así que aquì va una lista de las mejores, creo.
Dos fiestas en Aguascalientes no han tenido comparación, pero una que antecedió a un viaje madrugador a Pachuca también está entre las primeras, por no contar aquel cumpleaños de Mónica Morales donde terminamos apagando el incendio en casa de su tío y escuchando el grito aterrador de: "El tanque de gas va a explotar" y yo justo a un lado de las llamas.
Un lugar que nunca queda mal, es ir a Xochimilco. Es increíble porque da una pereza increíble ir hasta allá, meterse a esa delegación, ir apretado en sus callecitas, soportar el tráfico, sólo para estar cuatro o cinco horas dando vueltas en los canales sucios y llenos de música. Pero ah, Xochimilco nunca queda mal y siempre que voy, ya sea con los trabajo, o los del taller o por mi cumpleaños, es delicioso.
Lo mejor son las borracheras espontáneas, de esas donde estas solo y luego le cae alguién y al rato salen las llamadas y sin darte cuenta ya son las cuatro de la mañana y tu andas conduciendo hacia otra ciudad. En Monterrey me divertìa bastante, pero en el distrito federal es distinto. Algo tiene la ciudad que te conduce a la euforia cuando sales ya de la fiesta y ves por circuito interior los edificios iluminados y sabes que vas a llegar a una casa que en realidad no es tú casa, sino un remedo de la que dejaste en otra ciudad.
Pero todo esto inició porque este ha sido un año de fiestas, aunque sin dinero. Así que aquì va una lista de las mejores, creo.
- El cumpleaños de Elida.- Yo no quería ir, pero fui. Llegué en taxi a las puertas de uno de los antros más exclusivos de Monterrey y pasé por un pendejo (por llegar en taxi y no andar vestido a la moda) delante de todos los afroditos y afroditas que esperaban entrar. ¿Cómo terminamos en la Huasteca viendo como unos locos hacían patinar las llantas de sus camionetas en el río, eso no lo sé.
- En definitiva, el cumpleaños de Yuri fue fabuloso. Fabuloso porque Nancy (su futura esposa) y yo, tuvimos que entretenerlo en el trabajo por más de dos horas para que todas le cayerán a casa de Rous. Y luego, con el pretexto de que me ayudara a llevar unos buròs en viernes por la noche a la casa, lo entretuvimos mas. Todo se fue al traste cuando al llegar a casa de Rous, ésta sale a decirnos que los demás no han llegado y ahi se perdió toda la sorpresa. Fue una fiesta bastante, bastante divertida: bailamos con un muñeco de peluche de dos metros, nos reímos al bailar, intentamos armar un cubo, bebimos. A veces la felicidad está en la simpleza.
- Viernes santo y vamos a Candelaria de los Patos a una fiesta en casa de Yuri. Son las dos de la tarde y llevo a Minerva y Gaby. La fiesta se acabó a las cuatro de la mañana con mojitos, ensalada de carnes, depravación y algunas cosas más y a las nueve estábamos bajo el sol, caminando en el Zócalo porque Gaby quería ver la exposición sobre animales fantásticos.
- Luego mi cumpleaños en Xochimilco. Insisto. Xochimilco nunca queda mal y si a eso le agregan que Elida, Lacho y una amiga vivieron desde Monterrey nada más a esa fiesta y en auto y se fueron al día siguiente, bueno, se hace mejor. Faltaban pocos días para que Aude se regresara a Francia e Isabel a Colombia pero cómo bailamos en la lancha al ritmo de la música norteña.
- La despedida de Aude fue larga pero bastante divertida. Yo no sé de dónde saca Rodrigo tanta gente pero su casa se llenó (dos semanas antes había hecho una fiesta donde nada más estuvimos cuatro personas). Un amigo cantó rancheras con mucha pasión, un francés cantó en su lengua canciones tranquilas y finalmente Heidy sacó a relucir canciones entre indígenas y de la costa mientras yo hablaba con una canadiense sobre los gustos de nuestros respectivos gatos.
- El rancho de Ana se presta para fiesta y ahora que fui a Monterrey me hizo una fiesta de bienvenida. Ibamos en la carretera de San Mateo y de cuando en cuando aparecían letreros: a la fiesta de Antonio. Al llegar ya había cervezas heladas, la discada estaba a punto de salir. Como a las tres nos fuimos a caminar a las brechas. A las siete llegué a la casa.
Pues si. A veces es mejor no tener tantas reuniones porque así las pocas las vives más y estos días de tranquilidad, entonces, son como un remanso para días telúricos y huapangueros.
Thursday, August 19, 2004
Paso de días
Ayer llegó el libro Paso de días por correo. En la portada se ven dos pies y en la contra frases proverbiales de Hugo Valdés que siempre le salen muy bien. Encima del texto introductorio se ve al autor, Rubén Soto, en más de cinco fotografías, todas ellas diferentes. Me sé la dedicatoria del libro porque se me quedó grabada desde hace más de cinco años cuando la vi por primera vez. Dice: "a mi tío esta novela avuncular". La recuerdo muy bien por la palabra avuncular.
Después viene la dedicatoria para mí: "Para Toño, por el recuerdo de esos viejos tiempos y esas viejas pedas".
Claro, esos viejos tiempos.
El taller de novela El panteón, albergó durante mucho tiempo a cinco de los mejores narradores regiomontanos de estos días. Me sé casi todas las historias de cómo se fue formando el panteón, porque ellos mismos me lo contaron en algunas de las borracheras en la casa de Padre Mier donde se reunían por 1998. Al final, lo que importa, es que el grupo quedó formado por Hugo Valdés, Eduardo Parra, David Toscana, Ramón López Castro y Rubén Soto.
Ellos se pusieron a escribir y se pusieron a criticarse entre sí y así fueron saliendo una a una las novelas y cuentos que, gustenle o no a mucha gente, han sido un hito en la historia de la literatura regiomontana. El crimen de la calle de Aramberri, Los límites de la noche, Soldados de la incertidumbre y la muy traducida Estación Tula, vieron su crecimiento en esas paredes de las casas de Padre Mier o en la Diego de Montemayor, de donde los corrieron aquel día cuando quemaron los borradores de sus obras y llegaron los bomberos.
Así, también, comenzaron a llegar las becas, los premios, los reconocimientos y el grupo de El Panteón despuntó de entre los otros porque fueron los primeros después de una larga sequía, en publicar en las editoriales del Distrito Federal y mantenerse ahí.
Luego Ramón se fue a vivir a la ciudad de México y yo escuché por primera vez el nombre de El Panteón de boca de Eduardo Parra, con quien tomaba un taller en la casa de la cultura de Monterrey desde 1996. Sabía que muchos querían entrar al Panteón, por el simple hecho de que era una garantía, hasta cierto punto, establecer relaciones con otros escritores y acceder a un prestigio de ser parte del El Panteón. (Me sé de memoria los nombres de esos escritores rechazados, incluso de los expulsados, porque hubo expulsados).
Todavía recuerdo con claridad esa noche en la casa de Padre Mier cuando me invitaron a formar parte del grupo. Ellos ya eran El panteón y yo los admiraba a mis 20 años (y los sigo admirando, me sorprende los caminos que han tomado, lo lejos andan ya de esa casa en Padre Mier). Cada uno se presentó pero a mí, me dio curiosidad cuando Rubén Soto dijo su nombre. Él no parecía un escritor como los otros, es decir, estaba y le interesaba un comino conocer a otros, salir publicado, ser entrevistado, etcétera. Me sentí seguro con él mientras los demás hablaban y hablaban y hablaban sobre otros amigos escritores, becas obtenidas, encuentros internacionales a los que iban, etcétera. Pero en la mansa tranquilidad de Rubén Soto yo había plantado mis tiendas.
Anécdotas hay muchas pero recuerdo una, cuando Chipinque se incendiaba y estábamos en el techo viendo las mechas de fuego en el cerro. El aire nos llegaba caliente. En el borde de la casa, Parra y Toscana platicaban sus planes de conquistar el mundo (poco a poco lo han hecho) mientras Hugo y Rube y yo estábamos junto a una fogata que habíamos prendido en el techo. Luego pasaron muchas cosas y el Panteón, como se conocía, dejó de ser una noche en una cantina, mientras Toscana y yo esperábamos a Felipe Montes, a quién habían admitido meses antes. Eran ya como las doce y Felipe no llegaba. Parra ya vivía en el d.f. Rube andaba buscando otras cosas, Hugo andaba absorto también en otras ideas. Toscana dijo: si a las doce no llega, esto se acaba. ¿Cómo que se acaba? Sí, se acaba el panteón, dejamos de juntarnos cada miércoles. A esta hora estaría escribiéndo y no esperando a nadie. A mi me daba cosa terminar así pero lo acepté. También estaba cansado. Habían sido tres años de vivir en el remolino (Ya verás, esto es un remolino, me dijo Parra la noche que me aceptaron.) A las doce Felipe no llegó y con esa plantada el panteón desapareció como reunión, más no como unidad.
All my friends, era nuestro grito de batalla. Ahora que leo el libro de Rubén Soto, largamente esperado, me acuerdo de ese grito. Y como bien lo dice en la dedicatoria, me acuerdo de esos viejos tiempos y esas borracheras.
Después viene la dedicatoria para mí: "Para Toño, por el recuerdo de esos viejos tiempos y esas viejas pedas".
Claro, esos viejos tiempos.
El taller de novela El panteón, albergó durante mucho tiempo a cinco de los mejores narradores regiomontanos de estos días. Me sé casi todas las historias de cómo se fue formando el panteón, porque ellos mismos me lo contaron en algunas de las borracheras en la casa de Padre Mier donde se reunían por 1998. Al final, lo que importa, es que el grupo quedó formado por Hugo Valdés, Eduardo Parra, David Toscana, Ramón López Castro y Rubén Soto.
Ellos se pusieron a escribir y se pusieron a criticarse entre sí y así fueron saliendo una a una las novelas y cuentos que, gustenle o no a mucha gente, han sido un hito en la historia de la literatura regiomontana. El crimen de la calle de Aramberri, Los límites de la noche, Soldados de la incertidumbre y la muy traducida Estación Tula, vieron su crecimiento en esas paredes de las casas de Padre Mier o en la Diego de Montemayor, de donde los corrieron aquel día cuando quemaron los borradores de sus obras y llegaron los bomberos.
Así, también, comenzaron a llegar las becas, los premios, los reconocimientos y el grupo de El Panteón despuntó de entre los otros porque fueron los primeros después de una larga sequía, en publicar en las editoriales del Distrito Federal y mantenerse ahí.
Luego Ramón se fue a vivir a la ciudad de México y yo escuché por primera vez el nombre de El Panteón de boca de Eduardo Parra, con quien tomaba un taller en la casa de la cultura de Monterrey desde 1996. Sabía que muchos querían entrar al Panteón, por el simple hecho de que era una garantía, hasta cierto punto, establecer relaciones con otros escritores y acceder a un prestigio de ser parte del El Panteón. (Me sé de memoria los nombres de esos escritores rechazados, incluso de los expulsados, porque hubo expulsados).
Todavía recuerdo con claridad esa noche en la casa de Padre Mier cuando me invitaron a formar parte del grupo. Ellos ya eran El panteón y yo los admiraba a mis 20 años (y los sigo admirando, me sorprende los caminos que han tomado, lo lejos andan ya de esa casa en Padre Mier). Cada uno se presentó pero a mí, me dio curiosidad cuando Rubén Soto dijo su nombre. Él no parecía un escritor como los otros, es decir, estaba y le interesaba un comino conocer a otros, salir publicado, ser entrevistado, etcétera. Me sentí seguro con él mientras los demás hablaban y hablaban y hablaban sobre otros amigos escritores, becas obtenidas, encuentros internacionales a los que iban, etcétera. Pero en la mansa tranquilidad de Rubén Soto yo había plantado mis tiendas.
Anécdotas hay muchas pero recuerdo una, cuando Chipinque se incendiaba y estábamos en el techo viendo las mechas de fuego en el cerro. El aire nos llegaba caliente. En el borde de la casa, Parra y Toscana platicaban sus planes de conquistar el mundo (poco a poco lo han hecho) mientras Hugo y Rube y yo estábamos junto a una fogata que habíamos prendido en el techo. Luego pasaron muchas cosas y el Panteón, como se conocía, dejó de ser una noche en una cantina, mientras Toscana y yo esperábamos a Felipe Montes, a quién habían admitido meses antes. Eran ya como las doce y Felipe no llegaba. Parra ya vivía en el d.f. Rube andaba buscando otras cosas, Hugo andaba absorto también en otras ideas. Toscana dijo: si a las doce no llega, esto se acaba. ¿Cómo que se acaba? Sí, se acaba el panteón, dejamos de juntarnos cada miércoles. A esta hora estaría escribiéndo y no esperando a nadie. A mi me daba cosa terminar así pero lo acepté. También estaba cansado. Habían sido tres años de vivir en el remolino (Ya verás, esto es un remolino, me dijo Parra la noche que me aceptaron.) A las doce Felipe no llegó y con esa plantada el panteón desapareció como reunión, más no como unidad.
All my friends, era nuestro grito de batalla. Ahora que leo el libro de Rubén Soto, largamente esperado, me acuerdo de ese grito. Y como bien lo dice en la dedicatoria, me acuerdo de esos viejos tiempos y esas borracheras.
Monday, August 16, 2004
el cuidado del blog
Nuevo en estos territorios de la tecnología (recuerdo esa tecnología simple de la piedra tallada y amarrada a una vara con la que nuestros ancestros mataban mamuts y por qué no, asesinaban a otros ancestros) me dedico hoy a "cuidar" mi blog como se "cuidaban" hace años los tamagochis. Y entonces pienso un poco en esto de la tecnología y cómo la vamos elucubrando, diversificando y en muchos sentidos dificultándola.
Sólo el sábado con una amiga, estuvimos como veinte minutos intentando hacer reaccionar una grabadora de cd portátil con micrófono incluído.
¿Qué se han hecho esos tiempos donde Arquímedes, para comprobar el verdadero peso de los metales los calculaba en agua? ¿Qué ha pasado con el famoso fuego, fuelles, retortas, alambiques y el Gran Vaso de Hermes o Huevo Filosofal con el que los alquimistas en la edad media buscaban la piedra filosofal o el elíxir de la vida?
Ahora nuestros gadgets o como se llamen, tienen una multiplicidad de funciones, comandos, tareas programadas y por programar que emocionan e imposibilitan.
¿Quién sabe a ciencia cierta todas y cada una de los beneficios de un celular, de una palm, incluso de un blog que estoy seguro nadie lee? -al menos el mío porque nadie sabe que existe-.
Pero digo una barbaridad. La tecnología ha sido un beneficio del hombre desde tiempos antiguos. ¿Qué habría sido de Siracusa, si el mismo Arquímedes no idea esos espejos convexos para refractar la luz del sol y dirigirla contra los belicosos barcos romanos? ¿Cuánto se habría tartado Pascal en realizar sus mediciones sin su famosa calculadora mecánica ideada por los 1700?
El mismo Galileo, ¿cómo hubiera podido determinar la constante o la idea de gravedad si antes no prepara un tubo de vacío? O bien Anton Leewencok no se hubiera decidido a finalmente hacerse una chaqueta y con ver el semen por el maravilloso artefacto del microscopio.
¿Qué decir si Roetgen no descubre los rayos X con su aparato con el que quería comprobar las transmisión de luz de los rayos catódicos?
Creo que seguríamos en la nube, dando por hecho comentarios como los del obispo de Armagh y primado de Irlanda, James Usher, afirmó en su obra Annalis Veteris et Novi Testamenti, publicada en 1650 y 1654, que el Cielo y la Tierra habían sido creados en la tarde (a la entrada de la noche) que precedía al domingo 23 de octubre de 4004 a. C., el martes siguiente las aguas se concentraron en un lugar determinado y apareció la tierra firme, el viernes fue creado el hombre. Según el mismo autor, el diluvio ocurrió 1 656 años después: Noé abordó el Arca el 7 de diciembre de 2349 a. C. y desembarcó el 6 de mayo de 2348 a. C. (no dice a qué hora).
Así que bien, es mejor continuar cuidando el blog, rogando por que en los laboratorios Rutherford en Inglaterra encuentren una manera de lograr la fusión nuclear sin tener que detonar una bomba de fisión. Es mejor todo, todo eso, a pensar Noé abordó el Arca el 7 de diciembre del 2349 a.C
Sólo el sábado con una amiga, estuvimos como veinte minutos intentando hacer reaccionar una grabadora de cd portátil con micrófono incluído.
¿Qué se han hecho esos tiempos donde Arquímedes, para comprobar el verdadero peso de los metales los calculaba en agua? ¿Qué ha pasado con el famoso fuego, fuelles, retortas, alambiques y el Gran Vaso de Hermes o Huevo Filosofal con el que los alquimistas en la edad media buscaban la piedra filosofal o el elíxir de la vida?
Ahora nuestros gadgets o como se llamen, tienen una multiplicidad de funciones, comandos, tareas programadas y por programar que emocionan e imposibilitan.
¿Quién sabe a ciencia cierta todas y cada una de los beneficios de un celular, de una palm, incluso de un blog que estoy seguro nadie lee? -al menos el mío porque nadie sabe que existe-.
Pero digo una barbaridad. La tecnología ha sido un beneficio del hombre desde tiempos antiguos. ¿Qué habría sido de Siracusa, si el mismo Arquímedes no idea esos espejos convexos para refractar la luz del sol y dirigirla contra los belicosos barcos romanos? ¿Cuánto se habría tartado Pascal en realizar sus mediciones sin su famosa calculadora mecánica ideada por los 1700?
El mismo Galileo, ¿cómo hubiera podido determinar la constante o la idea de gravedad si antes no prepara un tubo de vacío? O bien Anton Leewencok no se hubiera decidido a finalmente hacerse una chaqueta y con ver el semen por el maravilloso artefacto del microscopio.
¿Qué decir si Roetgen no descubre los rayos X con su aparato con el que quería comprobar las transmisión de luz de los rayos catódicos?
Creo que seguríamos en la nube, dando por hecho comentarios como los del obispo de Armagh y primado de Irlanda, James Usher, afirmó en su obra Annalis Veteris et Novi Testamenti, publicada en 1650 y 1654, que el Cielo y la Tierra habían sido creados en la tarde (a la entrada de la noche) que precedía al domingo 23 de octubre de 4004 a. C., el martes siguiente las aguas se concentraron en un lugar determinado y apareció la tierra firme, el viernes fue creado el hombre. Según el mismo autor, el diluvio ocurrió 1 656 años después: Noé abordó el Arca el 7 de diciembre de 2349 a. C. y desembarcó el 6 de mayo de 2348 a. C. (no dice a qué hora).
Así que bien, es mejor continuar cuidando el blog, rogando por que en los laboratorios Rutherford en Inglaterra encuentren una manera de lograr la fusión nuclear sin tener que detonar una bomba de fisión. Es mejor todo, todo eso, a pensar Noé abordó el Arca el 7 de diciembre del 2349 a.C
Thursday, August 12, 2004
Travel Monterrey
Asi las cosas allá vamos. Adelante van Raúl y Minerva, atrás Claudia y yo. Es de noche y el aire tibio aún anda por las avenidas donde salen a nuestro encuentro camiones y traileres. Ana nos había dicho en un croquis que extraviamos como tres veces, que debíamos de irnos por la carretera hacia Villa de Juárez, hasta el entronque con San Mateo, después en un cruce feo dar vuelta a la derecha. Teníamos que pasar una pista para carreras en lodo, dos arroyos, el Bar Kini, un depósito y finalmente entrar a las brecha que estaba justo a un lado de la torre de agua. Ana también dijo: Voy a poner cartelones que digan: a la fiesta de Antonio.
Nos detuvimos en un Super 7 u Oxxo, no recuerdo, a comprar cervezas y papas. Dimos muy bien con el entronque de la carretera de San Mateo y pasamos el cruce feo donde dimos vuelta a la derecha. Pasamos de largo por un retén de policias afuera de una quinta para festejos. Las luces de las torretas relampagueaban azules y rojas en la noche conforme las dejábamos atrás.
Allá a lo lejos, sobre las matas oscuras, los encinos solos, se veía el contorno zurcido del Cerro de la Silla. Poco a poco aparecieron los anuncios de la fiesta de Antonio. Pasamos finalmente el bar Kini y entramos a la brecha a un lado de la torre de agua. Entonces Raúl apagó el carro, mató las luces y nos quedamos a oscuras, sentados sobre los asientos calientes, con las cervezas frías en las manos y nos dedicamos a ver esas ramas extendidas como brazos que araban sobre el camino. Vimos el cielo no tan atiborrado de estrellas y luego reanudamos la marcha.
Cuando llegamos al rancho salieron a nuestro encuentro más de siete perros y luego vimos la fogata, las velas que flotaban o pendían de los troncos de los árboles. Luego vimos la fogata, a Miguel y al hermano de Ana y finalmente a Ana en la cocina preparando todo para la cena. Sacamos sillas y nos sentamos a sentir el calor de la noche y a beber cerveza y recordé algunos trozos de películas gringas donde los personajes lo único que hacen es ver televisión y tomarse una cerveza o contemplar impávidos el fuego, viéndolo danzar, sumergirse en sí mismo sólo para salir más fuerte y alto, más despeinado y violento.
Pero no. Este fuego era un buen pretexto para no saber nada de las calles de la ciudad de México, de los problemas con Hacienda y era tambíén una bienvenida para Abel que regresaba de deambular por las calles de Marsella o Paris, y para Elida, Lacho, Cristina, Raúl, etcétera.
Pensamos en los amigos que siguen lejos y en los amigos que por una cosa u otra no habían ido. Brindamos por ellos, comimos la discada, nos reímos, bailamos otro tanto con unas buenas canciones norteñas. A las cuatro de la mañana nos fuimos a caminar hacia un arroyo, los perros a nuestro lado, Ana con machete en mano y como a las seis, bastante ebrios, tuvimos una guerra de agua como en los viejos tiempos.
Casi amanecía cuando regresamos a Monterrey. Los cartelones seguían en la carretera, el cruce continuaba igual de feo pero era de día ya y todo había pasado.
Nos detuvimos en un Super 7 u Oxxo, no recuerdo, a comprar cervezas y papas. Dimos muy bien con el entronque de la carretera de San Mateo y pasamos el cruce feo donde dimos vuelta a la derecha. Pasamos de largo por un retén de policias afuera de una quinta para festejos. Las luces de las torretas relampagueaban azules y rojas en la noche conforme las dejábamos atrás.
Allá a lo lejos, sobre las matas oscuras, los encinos solos, se veía el contorno zurcido del Cerro de la Silla. Poco a poco aparecieron los anuncios de la fiesta de Antonio. Pasamos finalmente el bar Kini y entramos a la brecha a un lado de la torre de agua. Entonces Raúl apagó el carro, mató las luces y nos quedamos a oscuras, sentados sobre los asientos calientes, con las cervezas frías en las manos y nos dedicamos a ver esas ramas extendidas como brazos que araban sobre el camino. Vimos el cielo no tan atiborrado de estrellas y luego reanudamos la marcha.
Cuando llegamos al rancho salieron a nuestro encuentro más de siete perros y luego vimos la fogata, las velas que flotaban o pendían de los troncos de los árboles. Luego vimos la fogata, a Miguel y al hermano de Ana y finalmente a Ana en la cocina preparando todo para la cena. Sacamos sillas y nos sentamos a sentir el calor de la noche y a beber cerveza y recordé algunos trozos de películas gringas donde los personajes lo único que hacen es ver televisión y tomarse una cerveza o contemplar impávidos el fuego, viéndolo danzar, sumergirse en sí mismo sólo para salir más fuerte y alto, más despeinado y violento.
Pero no. Este fuego era un buen pretexto para no saber nada de las calles de la ciudad de México, de los problemas con Hacienda y era tambíén una bienvenida para Abel que regresaba de deambular por las calles de Marsella o Paris, y para Elida, Lacho, Cristina, Raúl, etcétera.
Pensamos en los amigos que siguen lejos y en los amigos que por una cosa u otra no habían ido. Brindamos por ellos, comimos la discada, nos reímos, bailamos otro tanto con unas buenas canciones norteñas. A las cuatro de la mañana nos fuimos a caminar hacia un arroyo, los perros a nuestro lado, Ana con machete en mano y como a las seis, bastante ebrios, tuvimos una guerra de agua como en los viejos tiempos.
Casi amanecía cuando regresamos a Monterrey. Los cartelones seguían en la carretera, el cruce continuaba igual de feo pero era de día ya y todo había pasado.
Monday, August 02, 2004
Primer kozamianizaje
Hoy estoy de hueva. Oficialmente. Miro por las ventanas y abajo se ve la avenida periférico y los estudios de televisión de TV Azteca. Hoy no hay güercas gritando porque Yahir acaba de entrar a grabar o porque va a salir Victor o Raúl. Ve tú a saber. Antes me sabía de memoria las novelas y tramas de Erika Buenfil y si mucho me apuro, recordaba hasta el nombre de Victoria Rufo en "La Fiera".
Pero hoy no. Hoy estoy de hueva y voy a aplacar las golondrinas al vuelo que quieren volar porque ayer el Monterrey goleó 5-3 al Cruz Azul o porque el Osasuna empató a O con un ojiequipo inglés.
Hoy no me importa si me pasan una nueva canción de Pimpinela o de Mario Pintor y le doy una importancia igual a cero, como diría Oliverio Girondo, a un aliento afrodiasiaco o a un aliento insecticida.
Ahorita lo que quisiera, realmente, es estar en Monterrey, caminar por Colón y ver la mole indefensa y antiestética del Monte de Piedad; escuchar el paso del metrorrey; entrar al cine Raly y comprar unas palomitas de siete y un refresco de a seis o unos de los deliciosos jochos con frijolitos y sentarme ahi dentro, en la oscuridad, en la oscuridad ver una película. Luego saldría a caminar otro rato, a reconocer una colonia que dista mucho de la que recuerdo.
Hoy tengo tanta hueva que he estado buscando fotos de Monterrey en la web. Ya vi la Paloma de Soriano, el ubérrimo puente copia de Calatrava, decenas de cabritos puestos a las brazas y el distingible cerro de la Silla.
Hoy como que ni me importa que el libro de cuentos siga sin salir y estoy influenciado y hasta la madre, de ida y vuelta, de leer sobre Aldecoa, Bloom, Reyes o Montes y del libro integrado de segundo grado.
Si alguien tiene alguna idea de cómo no matar el tiempo de esta manera, si alguien sabe que la felicidad sí se encuentra en un coche ultimo modelo a la puerta, en una cuenta bancaria sólida y no en esos aires de intelectualidad, díganme, avísenme, estaré esperando.
Así que ya vine, tiré todo esto. Regreso a mi nave.
Pero hoy no. Hoy estoy de hueva y voy a aplacar las golondrinas al vuelo que quieren volar porque ayer el Monterrey goleó 5-3 al Cruz Azul o porque el Osasuna empató a O con un ojiequipo inglés.
Hoy no me importa si me pasan una nueva canción de Pimpinela o de Mario Pintor y le doy una importancia igual a cero, como diría Oliverio Girondo, a un aliento afrodiasiaco o a un aliento insecticida.
Ahorita lo que quisiera, realmente, es estar en Monterrey, caminar por Colón y ver la mole indefensa y antiestética del Monte de Piedad; escuchar el paso del metrorrey; entrar al cine Raly y comprar unas palomitas de siete y un refresco de a seis o unos de los deliciosos jochos con frijolitos y sentarme ahi dentro, en la oscuridad, en la oscuridad ver una película. Luego saldría a caminar otro rato, a reconocer una colonia que dista mucho de la que recuerdo.
Hoy tengo tanta hueva que he estado buscando fotos de Monterrey en la web. Ya vi la Paloma de Soriano, el ubérrimo puente copia de Calatrava, decenas de cabritos puestos a las brazas y el distingible cerro de la Silla.
Hoy como que ni me importa que el libro de cuentos siga sin salir y estoy influenciado y hasta la madre, de ida y vuelta, de leer sobre Aldecoa, Bloom, Reyes o Montes y del libro integrado de segundo grado.
Si alguien tiene alguna idea de cómo no matar el tiempo de esta manera, si alguien sabe que la felicidad sí se encuentra en un coche ultimo modelo a la puerta, en una cuenta bancaria sólida y no en esos aires de intelectualidad, díganme, avísenme, estaré esperando.
Así que ya vine, tiré todo esto. Regreso a mi nave.
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