Vámonos a Saltillo!!!
Friday, June 30, 2006
Wednesday, June 28, 2006
Conforme se acercan los días para ir a Monterrey me lleno de imágenes que deseo ver:
- La oscuridad de la central de autobúses mientras salgo de los andenes con la maleta.
- escuchar el paso del metro por avenida colón.
- ir en el taxi a la casa, bajando por la terrible y fea avenida ruiz cortínes
- comer un buen taco de barbacoa en el mercado.
- entrar al sanbors de morelos y a la librerias castillo de outlet de la misma zona.
- ir al cine raly a ver una película pasada y comer hot dogs y palomitas.
- Evadir el barrio antiguo y terminar en algunos de los antros de ahí.
- Que no me llame la atención leer el periódico
- (aburrirme un rato, también me pasa)
Tuesday, June 27, 2006
Monday, June 26, 2006
Hoy me preguntaron ¿porqué tienes un blog? Y no encontré una respuesta rápida al asunto. Tal vez sucede siempre que no encuentro respuestas rápidas a lo que me preguntan, como hoy en el taller, cuando había qué analizar un texto de Alfonso y no encontré más que los detalles generales pero no "a detalle" del texto.
¿Por qué tengo un blog? No lo sé. AL menos el otro, el negro, lo entiendo. Porque publico cosas que no me publicarían y hay un poco más de lo lúdico, creo, pero... porqué este blog? Este donde sólo subo cosas personales?
No lo sé, pero lo pensaré.
Thursday, June 22, 2006
el libro rojo
Epigmenio me habla por teléfono para decirme: Ya tenemos tu libro, ven mañana por él. Su frase, por demás escueta, me emociona. Un libro nuevo. Otro libro. Es fabuloso tener un libro nuevo. Mi libro rojo. Así le llamo porque la portada es blanca pero una mujer con sueter rojo se encuentra en ella. No es una fotografía sino una pintura de César Córdoba que seleccionó Alberto Cué para la portada. El libro rojo. Rojo como algunas tardes cuando el horizonte se ponía de ese color camino a Aguascalientes. Rojo como la sangre que salió de la aguja cuando me pusieron suero, rojo, rojo, rojo.
A cambio, tengo un libro negro y se supone, pronto saldrá un libro blanco. Pero ahorita, lo que me importa es que tengo un nuevo libro rojo. Dejaré esta calle. Los cuentos que vienen en ese libro son una forma de recordarme mi infancia en la colonia Moderna. Las maquinitas de doña Julia, la secundaria 33, las naves industriales de Aceros Planos, los puestos callejeros y las pandillas así como los camiones de la ruta 127 que a veces pasaban interrumpiéndo nuestros partidos de fútbol vienen en ese libro.
Mi libro rojo me gusta. Tiene mi nombre en rojo y es el número 317 de la colección de Tierra Adentro, una colección que ha albergado, sin rodeo alguno, a muchos de los más talentosos narradores y poetas de nuestro país. Ahí han publicado amigos como Toscana, Hugo Valdés, Joaquin Hurtado y Susana Pagano, sólo por mencionar algunos. Y ahora tengo mi libro 317, un libro rojo y nuevo, un libro que salió gordo, en comparación al anterior, casi 110 cuartillas. Está bien que se llame Dejaré esta calle porque en realidad, al leerlo, al menos para mí, será volver a esas calles de mi colonia y también, a mi infancia.
Tuesday, June 20, 2006
El vuelo de Mía
Estoy en casa de O y esperamos que lleguen Grace, Efraín, Ro y Xo para jugar nuestra segunda partida de dominó cubano. La primera la gané yo y estoy un poco ansioso por repetir el triunfo. Mía y Nadja, las gatas de O andan por la casa. Mía se agazapa cada que levanto el trapeador y levanta las patas delanteras para capturar las hebras del trapeador pero apenas lo dejo caer y saltan gotas de agua en todas direcciones, Mía da un brinco y en el aire cambia de dirección para huir hacia la recámara.
O no está. Fue al Wal-Mart a comprar piñas y jícamas para comer mientras jugamos y yo termino de recoger la casa. Me asomo por la ventana y desde el sexto piso se ve pequeño el parquet y los setos verdes parecen algodoncillos. Cuando llega viene cansada, suda y yo sólo le puedo ayudar a poner las bolsas en la barra. Al rato, casi atrás de ella llegan nuestros amigos. Suben las escaleras con mirada curiosa, se detienen en el umbral de la casa, entran como tromba y las gatas sólo lanzan huidas por la casa. Nadja con su paciencia de matrona y Mía con su torbellino recurrente.
Armamos entonces la reunión. Nos sentamos a la mesa con chicharrones, papas, cervezas, refresco, piña y jícama con limón y chile en polvo y empezamos a jugar. O cierra a las gatas en su cuarto y el juego transcurre con calma. Al principio Grace y yo nos alternanos los triunfos pero sólo a la mitad Rodrigo, quien ya llevaba muchos puntos, gana dos jugadas y se nos empareja. O se levanta cada tres jugadas y ve a las gatas y regresa muy tranquila. Vamos a empezar la jugada del 3 cuando O vuelve a levantarse para ver a las gatas.
-Mía no está -nos dice.
-¿Cómo que no está?
-No, no está.
Comenzamos a buscarla. Efraín y Grace van a la cocina, yo a la recámara, Ro y Xo buscan en otras partes de la casa. Luego vemos la ventana abierta. O comienza a preocuparse. Pero si estaba cerrada. Me asomo y busco allá abajo, seis pisos de altura, a ver si la gata está pero no la encuentro. Es de noche y salimos O y yo con una lámpara escaleras abajo. No hay rastro de ninguna caída bajo su ventana pero en una esquina del edificio vemos a Mía. Está agazapada, triste, llorosa, asustada. O la toma y entonces llora del miedo y Mía sólo sigue con las orejas apagadas y la mirada asustadiza.
Vamos al veterinario, me dice pero ya cuando subimos y Mía se endereza y poco y camina hacia su cuarto, entre todos decidimos que es mejor no hacerlo. Si se hubiera fracturado algo o roto algún tendón, estaría maúlle y maúlle. Sin embargo nos quedamos preocupados. Al finalizar, el juego nos da un poco de respiro. En la jugada del tres Rodrigo vuelve a ganar y me alejo del primer lugar por casi sesenta puntos. El sólo cuestión de que él acomode rápido las fichas para que termine en primer lugar y con una polla asegurada de 100 pesos. A ratos O va y busca a Mía y la encuentra bajo la cama, agazapada en la oscuridad.
Al final Ro nos gana. Efraín hace 497 puntos. Todos nos preguntamos los lugares, la puntación final. Quedo en segundo lugar y O en cuarto pero Mía sigue, dentro de nosotros, cayendo esos seis pisos. Cuando nuestros amigos se van dejamos la puerta abierta para que Mía duerma en el cuarto. El domingo se mantiene callada, lenta pero ya hoy, O me dice que ya anda haciendo sus saltos y brincoteos de siempre, que tal parece que comienza a olvidar su descenso felino. Tenemos que poner mallas en las ventanas, pienso, mientras, trato de imaginarme a Mía moviendo la ventana con la nariz y precipitándose hacia los setos.
Monday, June 12, 2006
Lagrimas de Tohui
Es el cuarto partido de la selección nacional en el Mundial del 94 y los de la cuadra estamos decididos a armar jolgorio. Jaime pone el patio delantero de su casa, el porshe, como decimos en el norte, para hacer la carne. Pepe, Héctor, mis primos y mi hermano Saúl se disponen a comprar la carne y yo acomodo algunas cosas. Bulgaria nos la pela, dice alguien por ahí y más tarde llega Nati a preparar la carne. Jaime saca su televisión y la pone sobre una mesa escuálida que a cada rato da la impresión de caerse.
El partido empieza y el sol cae de lleno sobre el patio. Nos recargamos bajo una frondas y desde ahí vemos las descoldas de Ramírez Perales por las bandas y los robos de balón del equipo de Stoickov y compañía. Aspe ordena el medio campo y todos esperamos que entre Hugo Sánchez al partido. Conforme pasan los minutos hay desconcierto en todos. Nati, quien ya ha vivido muchos descalabros mexicanos por televisión y estuvo en el juego del México contra Alemania en el Universitario, dice que, espera y no se repita nada malo. Pero la van a regar, ya verán.
En el medio tiempo se nos olvida el sol y todo y le entramos duro a la carne asada, a las cocas, a las quesadillas. Sigue haciendo calor y nosotros seguimos comiendo.
El segundo tiempo es un alarido detenido, nervios tensos conforme se acerca al final. Es como ir perdiendo incluso el gas para todo, para ser felices, para avizorar una gesta heróica, para acabar con un maleficio. Al finalizar, nos sentimos frustrados y nerviosos. Llega la tanda de penalties y todos estamos aferrados a la esperanza. Tohui igual que los demás.Tohui moreno, pelo chino, con apenas unos siete años de edad entre los demás que ya tenemos entre 14 y 16, menos Nati, el mayor. Cuando al final el mexicano falla el gol nos derrumbamos y sólo quedan los huesos mordisqueados en charolas o sobre las brasas. Tohui llora y lo tranquilizamos, ya verás que a la otra nos va mejor.
Y en la otra Alemania nos sacó y en la otra Estados Unidos nos sacó y ahora, ¿quién nos sacará?
Monday, June 05, 2006
Fui acomodador de atunes
Era noviembre del 2o02 y estaba fastidiado de tiempo completo, abúlico, cansado, triste. El dinero de la beca del cme era muy poco y la mitad se me iba en la renta. Amigos, no tenía. Ya daba clases entonces, pero un sábado me descubrí gris delante de mis alumnos y me pregunté: ¿pero yo qué puedo enseñarles más que mi depresión? Estaba, así, depresivo, con una tina de pintura que la hacía de mesa, silla, escritorio y escalera. Tengo que hacer algo, buscar amigos, no sé, me dije, tengo que buscar trabajo.
Y comencé a buscar trabajo, igual, sin ánimo. Necesitaba uno que me permitiera ir los miércoles al cme y que no estuviera lejos de Plateros, donde vivía entonces. No sé cómo fue que se me ocurrió buscar trabajo en Wal-Mart. Me imaginé acomodando los atunes o de cajero y me pareció la mejor idea que había tenido en mucho tiempo. Fui e hice fila. Me pasaron a una salita pequeña con sillas como de secundaria y luego me pasaron mi solicitud de trabajo. Me veía ya con esos atunes en las manos, acomodándolos en los pasillos, dándole un goce secreto a mi manía por acomodar las cosas cuando una mujer gorda, con vestido secretarial me preguntó que si ya había terminado.
Le entregué mi solicitud y me pasaron con la administradora. Era mujer de rostro afable, cabello castaño y un aire de tranquilidad que imaginaba, no tenían nunca los empleados de Wal-Mart. Leyó mi solicitud y entonces me di cuenta de mi primer error: no mentí.
¿Entonces estudiaste letras españolas?
Pero no terminé la carrera.
¿Y te gusta leer y escribir?
pero leo El Memín Pinguin y escribo acrósticos.
Después cometí el segundo error: me dio por tener ideas.
Ya vi que tienen una sección de libros, podría leerlos y escribir fichas de qué trata para que la gente los compre y...
No estás en el perfil, lo siento, me dijo la admistradora.
Salí muy derrotado. Caray, ni en el Wal-Mart me contratan. Del coraje entré a la tienda y, como no tenía nada qué hacer, me pasé como una hora viendo la televisión en la sección de aparatos electrónicos. Antes, pasé a la zona de frutas y degustaciones. Wal-Mart me ofreció no un trabajo, pero sí una comida. Ya, al irme, fui al pasillo de atunes y suspiré. Habría sido muy feliz acomodándolos nada más. Los habría puesto siempre con la etiqueta de la marca al frente, alineados, sin un desvío. Así todo el anaquel pero no me fue posible. Acomodé unos cinco, en el colmo del aburrimiento y me fui. Y aún falta mucho, en realidad, para encontrar trabajo. Creo, si no mal recuerdo, que incluso esa semana me corté el pelo a rape.
Sunday, June 04, 2006
La fiesta de los 29
Llegamos O y yo a la unidad habitacional donde vive Vicente y lo encontramos en los pasillos con un garrafón de agua, vacío, al hombro. ¿Todavía no llega Saravia y los demás?, le pregunto y me dice que no. Pero qué raro, si salieron en su coche como desde hace una hora y cuarto. Pues aun no llegan, pigre, me dice como les ha dado a él y a Hinojosa decirme, después que Hugo Hiriart dio unas charlas en la Fundación y sacó a relucir semejante palabrita: piger, más bien.
Caminamos hasta la pequeña tienda de Conasupo que está en la unidad nos aprovisionamos de comida y más cosas. Más tarde, casi a las ocho y media, llena Boone e Hinojosa. Entre todos jugamos al dominó cubano y platicamos de escritores jóvenes, de libros y de política. Nada serio, en realidad es la plática mientras acomodamos las fichas. Casi a las nueve, dos horas y media después que salieron, llegan Saravia, su mujer, Mijail, su mujer, Karla y Edith. Apenas mi miran, todos me ultiman con la mirada. Gracias, Toño, por el croquis. Yo: pero si estaba bien claro. Ajá, dice Edith. Me cuentan entonces que tomaron una calle que no era y le tuvieron que dar una vuelta terrible al periférico. Pobres, me los imagino cansados, mentándomela mientras ven como el tráfico se vuelve más compacto pero aún así, dispuestos para la fiesta.
Más tarde llega Eduardo, Yuri, Nancy, Silvia, El Bato, Luisa, Tatei, María, Lobsang, Laia, el novio de Karla y un pareja amiga de ellos y Efraín y Grace y César y un compañero de su oficina. Así la fiesta avanza, se detiene en el pasillo, se atiborra la gente en la cocina. Afuera llueve y ni nos damos cuenta. No hay canción de cumpleaños pero estoy muy contento. A cada rato me detengo y abrazo a mis amigos y les digo que qué bueno que vinieron. Ellos nada más sonríen. Nada más dicen salud. En una esquina hablan de literatura (es inevitable), en otra cuentan chistes, en otra más, se habla de mecánica y física cuántica. O se va a dormir casi a la una, con los incipientes ataques de una migraña.
Le vamos a amanecer, me dice Hinojosa y yo digo que sí pero ya siento que no llegaré a esa hora. Estoy cansado. Pasarla bien también cansa. Vicente ha sido un anfitrión excelente. Yo no quería hacer mucho escándalo pero caray, al final me convencieron (y no estaba muy reacio a no ser convencido) Cada media hora iba a ver a O y me decían: cada que sales de ese cuarto llegas más despeinado. Nada más asentía y disparaba abrazos a diestra y siniestra o cantaba o decia salud.
¿Cuándo se fueron todos? No lo recuerdo. No contaré, y corto abruptamente esta reseñita, sin decir nada del lavabo, ni del: ¡To, levántate!, ni del riopan, ni del GEA. Como dice y me dijo María Lebedev en una entrevista: No me sale escribir más. Sea así, entonces.
Y ya mero llega el 30 de junio y el 4 y 5 de julio. A mitad del año, justo, sigue lo bueno.
Monday, May 29, 2006
Don Rafa
Encontré el nuevo departamento gracias a que me gané la confianza de Don Rafa, el portero. Le di para sus cocas (en realidad no llevaba mucho dinero) y al día siguiente me llevó con el dueño del edificio.
Todas las mañanas, cuando salgo rumbo a la Fundación o dar clases, don Rafa anda en la calle vivoreando a las mujeres que pasan o dándole orden a los coches en el estacionamiento. Todo mundo lo saluda e imagino que es, como esa persona que lleva años en la misma calle y se ha ganado a pulso su lugar en el recuerdo.
Y siempre que salgo me dice alguna frase que parte del ingenio del momento. Hoy me dijo: ¿Ya listo para chingarle? Claro, don Rafa. Pues así me gusta, repitió (siempre dice que así le gusta x o y cosa) que le haga igual que yo: jodido pero jodiendo.
Esa fue al perla de sabiduría del día de hoy de don Rafa: jodido pero jodiendo.
Friday, May 26, 2006
Monday, May 22, 2006
Acercándose a los 29
Pronto me acerco ya a los 29 años. Me pregunta una amiga que cómo me voy a fetejar y la verdad es que no tengo ni idea. El próximo año tendré 30 y aunque la elucubración es ¡válgame Dios bien simple! encierra un significado mayor. 29, 29, 30, 29. La vida discurre muy pronto, muy rápido.
El sábado una alumna, amiga, me invitó a comer a un Vip´s. Pedí una ensalada de mango con pollo. En la charla se fueron hilando los años: cuando dejé Monterrey para ser becario del Centro Mexicano de Escritores, cuando renuncié a IBM y después al ILCE y finalmente estos plácidos meses en la Fundación. Has llevado una vida muy intensa, me dice, pero yo más bien recuerdo que junto con las buenas tardes y noches, ha habido muchos momentos de abulia y fastidio.
Hace tiempo un amigo, refiriéndose hacia otra persona, me dijo: cuando sepa que la vida es bien aburrida, su prosa también va a cambiar. Puede ser.
29 años, 28. No tengo pensado ni hacer un viaje a Veracruz como cuando cumpli 25, ni hacer xochimilcazos como cuando cumplí 26 y 27, ni menos, volver a Veracruz a sacarme la espina cuando cumplí los 28. Tal vez no haga nada y simplemente me vaya a cenar con O a mi casa y yo le prepare de cocinar algo ligero. Una pequeña reunión con ella tal vez.
Saturday, May 13, 2006
156 para agradecer
Cuando empecé a escribir este blog no sabía que pasaría con él. Al principio los temas salían de muchas vertientes y era difícil darle un "alma". Leía otros blogs e intentaba saber en qué residía su éxito y el que mucha gente los tuviera en sus links como los blogs chidos que leo. Y me preguntaba, en la vanidad, qué ocurriría con mi blog.
Después de algunos intentos terminé separando mis apuntes de blog en dos. El blog con textos de creación, ensayo, poesía, artículos varios se convirtió en www.instintocontagioso.blogspot.com y decidí dejar en este, el kozamianas, lo esencial, lo que me importa más que la creación: mi familia, mis recuerdos y la gente que quiero.
Curiosamente, el blog de instinto es al que le he dado más difusión e incluso viene descrito en la solapa del libro negro e incluso, muchos de los textos que están en él saldrán pronto a la luz bajo el sello de la Universidad de Guanajuato, en la colección Anaquel. Necrologías, se llamará el libro de varia invención. Ese blog tiene más de 190 entradas a pesar de que es en realidad mucho más joven que kozamianas.
La única respuesta que encuentro a esa proliferación es que es más difícil, de alguna forma, de hablar del corazón y se da con mucha más facilidad hablar de ficción, no ficción y ese juego que son siempre las ideas.
A veces me sorprende, porque este blog impudico, puesto que esta en web, tenga comentarios sobre lo que escribo en él. Y siempre los leo con mucha emoción y curiosidad. Afortunadamente nunca han sido comentarios ofensivos, imagino que, porque tal vez de alguna manera este blog no puede ofender a nadie. Y casi nunca, también, contesto mis comentarios. Son como reglas extrañas que cada quien toma. Pero, hoy, vine a escribir porque, en realidad, agradezco mucho sus lecturas. De pronto me sorprende alguna amiga y me pregunta por cosas que nunca le he contado y a mi cuestionamiento de cuándo se lo dije, me responde un tranquilo: lo leí con kozamianas.
Nos mostramos siempre en este medio y nos leemos. Muchas gracias en este post 156 a todas las personas que han leído estas palabras, esta desnudez. Muchas gracias por tomarse de pronto el tiempo de decir: Vamos a ver que hay ahora en kozamianas y no encontrar nada nuevo o algun retazo más de cómo la vida se me va armando. Muchas cosas han pasado desde ese septiembre del 2004, cuando en el ILCE inicié este blog. Ya ni en el ILCE estoy y veamos para dónde sigue este camino.
Thursday, May 11, 2006
El gran acto jamás presentado
Mi colonia, cuando yo era niño, era un mal barrio. Cantinas por muchas partes, pandillas que se peleaban por un pedazo de calle, mujeres que murmuraban en las esquinas antes de pelearse y puestos callejeros de tacos de bisteck le daban vida a ese espacio insólito, terrible, lleno también de montes baldíos donde mis primos y vecinos de la cuadra armábamos pequeñas batallas campales. La flanqueaban por un lado (la siguen flanqueando, delimitan sus horizontes, marcan sus fronteras de por sí deslucidas, borradas que hay en toda colonia de ciudad), una clínica hacia el norte, una vías de ferrocarril hacia el sur. Al Poniente la lustrosa avenida Felix U. Gomez y al Oriente las naves industriales de Aceros Planos.
En esas calles se dio cita muchas veces la violencia y la muerte pero también el festival. A veces iban pequeñas ferias pueblerinas a sentar sus reales en los baldíos. Las luces de colores disfrazaban la noche con un carnaval efímero y el olor de las palomitas bordeaba la oscuridad, humedeciéndola de mantequilla. En otras, circos viejos, con telones raídos, carpas remendadas y leones flemáticos asistían a otros de sus llanos. Pasaba entonces una combi (casi siempre eran cmobis) y en megáfono invitaban a las magnas funciones de circo, a payasos de cuyo nombre no me acuerdo.
Acaso la magna función de circo en mi colonia ocurrió una noche cuando un circo presentó por única vez el "gran acto de todos los tiempos" de "la rueda de la muerte". La noche tenía expectativa. Los pocos que logramos entrar presenciamos cómo, luego de los insignificantes payasos, los gatos que caminaban por una escalera y saltaban, aparecía una gran bola de hierro. Esférica, hueca por dentro. El anunciate dijo que una a una iría a entrar cuatro motos a la esfera. El ruido de los motores tronó en la noche erizando pieles y avisando a los ojos a no perderse nada, a beberse esas imágenes para que no quedaran en el olvido. Una a una las motos entraron y cada una era recibida con regocijo y aplausos callados.
Cuando las cuatro motos se estabilizaron en distintas trayectorias dentro de la esfera el anunciante volvió a aparecer y dijo: Ahora, "Estrella entrará". ¿Quién era Estrella? Quién sabe, pero cuando la chica, vestida con un diminuto vestido plateado y lentejuela apareció en el ruedo una exclamación de asombro nos invadió. Era frágil, al menos esa impresión nos dio.
Apenas entró sólo era el sonido monocorde de las motos al pasar frente a ella, a un lado, moviéndo con la cauda de su velocidad su pelo, el vestido casi erótico, la sonrisa tatuada. Y yo imaginaba un choque, una moto que caía sobre ella, un cuerpo despedazado pero Estrella, al interior de la esfera, se iluminaba con un aura de gigante. Luego salió y las motos hicieron lo mismo.
No hubo más en la función pero afuera alguien dijo que eso ya lo había visto en otras ciudades y en otros circos. A la semana se fue el circo y nunca más volvieron las motocicletas a esas calles a causar prodigios más que para entregar pizzas o periódicos. No recuerdo cuando fue que los circos dejaron de ir a mi colonia Moderna pero sé que ahora, ese llano, es una gran bodega color gris en la que embodegan sacos de harina. A veces, cuando paso, cuando esta larga estadía defeña me permite ir al contacto con mis calles, pienso qué será de esa Estrella. Si, como esa noche, salvó a la muerte o hubo una infortunada tarde en la que las llantas finalmente lamieron ese filo grandioso de su falda.
Monday, May 08, 2006
Sunday, April 30, 2006
Un cambio esperado
Pero si se me hace que no hicimos nada, protesta Vicente cuando le digo que ya acabamos de arreglar la nueva casa. Claro que sí, tú pusiste las colchas, Hinos colgó las máscaras y los cuadros, O limpió el baño y metió la ropa y yo acomodé la cocina, el escritorio, metí los libros en los libreros. Pero se me hace aún podemos hacer algo más. No, ya, así está bien, vamos ahora por las pizzas.
Así salimos los cuatro con la sensación de no salir de una casa a la que alguien recién se muda, sino de una casa largo tiempo conocida. Don Rafael "El gallo", como se llama el portero, nos despide con un gesto amistoso y enfilamos por la calle hacia las pizzas Zumpango, unas muy muy buenas, ubicadas en la colonia Júarez. Hinojosa y O hablan de libros, Vicente y yo de política mientras dejamos atrás la casa, mi pequeña pero acogedora nueva casa.
La mundanza apenas si llegó a las cinco de la tarde en mi domicilio anterior y para las seis todas mis cosas estaban ya en su nuevo sitio. En Zumpango comí una calientita y delgada pizza Don Ho: jamón con queso, mientras O y Vicente engullían una de salamí e Hinos una Ary's Pollito con elote, pollo, queso extra y rodajas de pimiento. Platicamos de lo de siempre: las historias, la escritura, el norte. O es de Monterrey, Vicente de Torreón e Hinos de Tijuana. Puras acotaciones, revires, zarzuelas y festividades norteñas nos salieron mientras las pizzas se enfríaban.
Al salir, después de las despedidas tradicionales volví a casa y no pude más que sentirme afortunado por contar con una casa con aire a hogar y una casa tan cerca de todos mis sitios: la casa de O y la Fundación.
Así entonces, la mudanza ha concluido.
Wednesday, April 26, 2006
Clase de fotografía
Se llama Grace. Está ahorita sobre una silla, con una hambuerguesa con papas y refresco frente a ella, en una mesita. O la mira desde el sillón, de reojo nada más mientras observa en un libro imagenes de la ciudad de Barcelona. Yo ni veo. Espero que termine de tomarle la foto a la hamburguesa para poder comer. La hamburguesa es mi comida el día de hoy.
Estamos O y yo en casa de Grace tomando fotos de comida. Es sábado, hace calor. Parte del menú son unos pescaditos empanizados, nieve, yogurt y frutsis. Es sábado y estoy feliz. Aunque también tengo hambre. Después de varios clicks finalmente queda la toma de la hamburguesa. Ya está tu comida, me grita Grace, toda contenta, siempre con una sonrisa al portador, siempre con una palabra dicharachera de cambio. Pero no le quitaste el alma? No, como crees. Y me como la hamburguesa sin sabor. Sí se la quitó.
El resto de la tarde cocinamos varios platillos para que pasaran a la posteridad en las fotos. Nunca había conocido a una fotógrada de comida. Cortamos rodajas de zanahora y le hacemos forma de estrellas, lo mismo con un tomate al que llenamos de mayonesa y le ponemos un poco de orégano. Cocino los pescados empanizados y debo decir que me quedan doraditos, crujientes.
Es una tarde flash de cámaras y mordidas a danoninos y nieve.
Y ahora que lo escribo, veo que no soy fiel, en realidad, a lo que pasa, al motivo festivo de la tarde mientras cortábamos o cocinábamos y Grace acomodaba la comida, mostraba las capturas, desechaba las que no le gustaran. O le daba ideas para los fondos de las imágenes. Coloreaba algunas hojas. Al final, estábamos cansados, bastante.
En la semana le pregunté cómo le había ido con las fotos: triunfé, me dijo Grace entre risa y risa. Ah, que bien. Yo tomé ya, la decisión de no ir más a ayudarle. Sólo en una tarde me entambé cerca de 4,000 calorias y no puedo darme el lujo de hacer eso todos los sábados.
Monday, April 24, 2006
La casa
Es mi séptima casa en el distrito federal pero creo que, de alguna manera, finalmente he llegado a mi hogar. Tiene una cocina pequeña, donde no hay espacio más que para un refrigerador pequeño y una estufa decente. En una pared está empotrada una cocineta blanca y el lavabo esmaltado en blanco tiene el espacio sufiente para mis sartenes, ollas, platos y más con los que cocino.
La sala comedor es algo amplia pero ya veo ahí mis libreros, las paredes con mis máscaras y cuadros de Brenda Togno y Joy Laville, además de la fotografía inmensa que N me dará, una foto suya para mis paredes. Hay espacio para una mesa con cuatro sillas, un´lugar para poner el aún hipotetico futón y una mesa para la tele.
El cuarto tiene paredes blancas y un closet del mismo color donde pondré mi cama con sus colchas amarillas o naranjas dependiendo de la lavandería. Además tiene un baño amplio. Así que es mi casa, mi nueva casa, bien cerquita a la anterior, más cerquita a la Fundación, un portero que se llama Rafael "el gallo" y que, cada que me mira, se cuadra para saludarme como militar.
Es segundo piso y el departamento tiene unos amplios ventanales que dan a la calle y está alfombrado, una alfombra discreta y gris que no le va nada mal. Fue mucho caminar pero di con mi nueva casa. Estaba tan cerca a la anterior y yo buscando hogar muy lejos, qué ironía.
Wednesday, April 19, 2006
2 día al garate o cómo encontrar casa en el d.f.
La quinta Casa
¿A ver? ¿No me entiende? ¿Hablo mal o cómo?, porque no entiendo cómo es que usted me pregunta si el departamento es compartido. Eso me dijo el Señor Campos por teléfono. Y lo soporté porque su anuncio decía: Col. Juarez, dos cuartos, cocina, 2,200 pesos. A las siete estaba, puntual, frente al edificio. Era una construcción de tres pisos. Un departamento vacío al frente con ventanas grandes. Una pareja esperaba también. Empezamos a platicar y a esperar al señor Campos. Cuando llegó nos ordenó que no cerráramos la puerta. Adentro era como entrar en un laberinto, la comuna, los túneles de un hormiguero. ¿Cuántas casas hay aquí? preguntó el chavo de la pareja. El departamento. Bueno. ¿Era un departamento? Tenía vista a dos puertas. Eran dos cuartos con una duela viejísima. Para ir a la cocina se tenía que cruzar un pasillo que iba por encima de un patio. El baño, bueno. No lo describiré. En la cocina había espacio para la estufa o para el refrigerador. Salímos huyendo mientras una fila de sin hogares como yo avanzaba por el pasillo.
Ubicacion: Col. Juárez. Renta: 2,200
La sexta casa
Las escalerillas eran negras y al llegar al departamento en la azotea sudaba. Unos lavaderos se hacinaban al centro. La casa era de tres cuartos, como bien decía el anuncio. Pero la casa tenía forma de bumerang. La cocina y el baño de un lado. Al centro, un cuarto con una pared curva. Del otro, dos cuartitos más. Las ventanas daban a la calle y el techo se encontraba algo bajo. Lo mostraba un doctor, aséptico en el trato como sólo los doctores pueden serlo. Tampoco era la casa.
Ubicación: Col. Juárez. Renta: 2,800
La séptima casa
Pues le hace falta pintura y algunas conexiones pero yo no tengo tiempo para hacerlo. ¿Le entras?
Ubicación: Col. Del Valle. Renta: 2, 500
La octava casa
Ahí voy... gritó doña Elena. Luego subió a mostrarme el departamento. No era una huevito pero se le parecía. Sí. Estaba bonito pero era muy chico. Mucho muy chico.
Ubicación: Col. Júarez. Renta: 3,000
La novena casa
Abrió y era un paraíso. Estancia comedor muy amplio. Cuarto bastante grande. Ok. Las ventanadas daban a una pared grandísima y gris pero abajo, en un patio, había un estanque con muchos peces. Me dije, bueno, cuando quiera matar a alguien por la pared, tiro una piedra al estanque y listo. Luego llegó la oferta. Salí pensando que la vida es cruel. Al final de cuentas, lo único que la gente quiere es pagar algo razonable por un lugar donde no se deprima o de perdido, disfrute un poco de paz y tranquilidad. Los renteros del mundo no lo ven así.
Ubicación: Col. Roma Renta: 4,500
Tuesday, April 18, 2006
Día 1 al garate o como buscar casa en el d.f.
En la primer casa
La hija de la portera sale con aire fachoso y enojón. Me dice que no me puede recibir porque a su mamá la acaban de operar. Todo en la forma como me contesta denota fastidio, hueva, hartazgo. Es que estoy apurado, le digo y ella sólo tuerce la boca. No, pues no sé, me dice, ven el sábado si quieres para que te muestre mi papá los departamentos. Luego cierra y veo el edificio. Verde verde verde.
Renta: 3,000 Departamento de una recámara, cocineta y baño.
En la segunda casa
Ni siquiera me abrieron aunque la manta decía: Se renta. Informes con la portera. Me estoy dando cuenta que las porteras son quienes en realidad poseen las llaves del reino.
Renta: 3,500 Departamento de dos recámaras.
En la tercera casa
No, mira, si es un huevito. Me dijo el rentero, para qué te miento. Pero esta es una buena zona. Así que entré y vi. Nah, ¿cómo crees que esto es un huevito? Y sí, no cabía ni mi cama. Las paredes estaban bonitas. Eso sí. Pero para entrar al baño había una puertita pequeñita de dos aguas. Tendría que bajar al menos, unos tres kilos para pasar con tranquilidad y poder tomar el jabón del piso.
Renta: 2,600 Departamento para gente de Liliput.
En la cuarta casa.
¿Entonces, no te gustó?, deja te muestro el otro. (era el mismo del huevito). Era, ahora sí, una casa, un lugar donde alguien viviría con dignidad. De eso se trata, creo, vivir con dignidad aunque sea un lugar chiquito. Dos recámaras, balcón, cocineta, baño amplio. Pero en cuanto me pidió los requisitos se me fueron los colores del rostro. Salí viendo una casa que no podría pagar.
Renta: 4,650 Departamento muy padre.
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