Sunday, September 30, 2007

En Aguascalientes la vida es más sabrosa

Siempre que voy a Aguascalientes y por alguna extraña razón, termino a horas de la madrugada en fiestas de desconocidos y me la paso muy bien. En una ocasión fue en un patio, con quesadillas y chiles rellenos de queso que se asaban sobre una parilla y mientras cantábamos, qué vergüenza, canciones de una banda argentina. Después fue en una casa por el segundo anillo periférico y ahora, recientemente, en casa de Jorge, un excelente pintor y dueño del café el codo que, en Aguascalientes, es de los típicos del centro.
Así que ahí estaban con Aldan, semidormido bajo una llovizna pertinaz y platicando con Jorge y Gema con un vaso de champurrado al frente mientras en el resto de la cocina el resto de los invitados comía tamales y platicaban animosamente y en otras habitaciones de la casa dormían unas chicas.
Es curioso que hable de la casa de Jorge, porque técnicamente fue la persona con quien menos tiempo pasé en mis dos días en Aguascalientes, pero es que su casa me gustó. Tiene al fondo un taller de pintura con muebles y libreros bonitos por ser poco convencionales. El taller dar a un patio con un gran zapote al centro y después la recámara es muy padre, con una cama baja y casi empotrada en el piso, luego un pequeño lugar con sillones, mesas y cuadros por doquier y finalmente el estudio de arquitecto con planos, más cuadros, computadoras, etcétera.
Es una casa muy bonita. Horas antes habíamos estado en el café del codo tomando vino y soya con pico de gallo. Aldan es un tipo muy divertido y amable, conocí a Oscar Santos, un poeta del que ya había oído cosas buenas (luego sucede que oyes bien de muchas personas y cuando las conoces confirmas que en el carácter también se confirma la crítica literaria). Estaban también Atahualpa y su novia, Salvador Gallardo Cabrera, un amigo de éste y dos chicas de la UA. Sólo sentía la noche y la lluvia.
Sin embargo, lo mejor de la noche fue poder platicar con María Antonieta. María Antonieta es una joven escritora de Aguascalientes. En realidad, no tan joven, pero es joven.
María Antonieta vive en una silla de ruedas y tras cinco años, se sigue recuperando del accidente carretero donde murió su esposo y donde ella quedó seriamente herida. María Antonieta se me acercó en el Museo Descubre y me dio la mano, me dijo que había podido ver muy bien los ambientes del cuento que había leído en la premiación y después me dijo que ella también escribía, que seguía escribiendo aunque fuera mentalmente porque físicamente aún no puede sostener un lápiz y menos utilizar una computadora, pero sigue escribiendo.
María Antonieta me habló de sus cuentos, de los que no ha escrito y se le llenaban los ojos de esperanza y yo me sentía ridículo, porque es ridícula en muchas maneras la frivolidad de los escritores. Me hubiera gustado llevarle algo digno de regalo, pero sólo tenía ese mismo cuento que había leído media hora atrás. Sé que no es mucho, le dije, pero si me aceptas unas hojas, con gusto te las doy. Y María Antonieta se emocionó mucho. No creo que haya sido por mi regalo, pero se emocionó mucho. Ya verás, me dijo, que en cinco años yo seré quien te regale cuentos.
No lo dudo, María. Horas más tarde mientras veía a Jorge mostrarle a Gema su casa y miraba a Aldan dormido en una silla de mimbre y mojado ligeramente por la llovizna hidrocálida, volví a pensar en María, tal vez ya dormida mientras nosotros seguíamos buscándole algo a la noche.

Thursday, September 27, 2007

Reseñita apurada de dos años

Hoy es mi último día en la Fundación. Ya los cubículos están limpios. Desde hace un semana me he llevado mis cosas. Ojalá pudiera hacer, con precisión, un paso detallado de todo lo que viví estos dos años, pero van dos veces que borro sin querer lo que he escrito. Hablaba de Depeche Mode, de los amigos, del calentador de María, de la vez que Boone se cayó de una mesa una tarde que cayó un fuerte granizo. La biblioteca de inundó, pero nosotros mirábamos desde la terraza aquella masa blanca y helada que había ocultado el suelo y flotaba a la deriva como un témpano desmayado.
Pero he borrado, sin querer, todas esas largas descripciones. Con Orlando escribí una novela que me llevó un año, con Bernardo escribí un libro de cuentos en ese primer año. Gracias a Edgar me apuré a terminar un libro misceláneo y en marzo apareció el Torri. Cómo trabajé Dejaré esta calle y aún cuando lo leo me lleno de horror al encontrarle fallas. Por eso ya no lo leo. Fue un primer año de hacer amigos también, de llegar a la fundación a las nueve de la mañana e irme a las ocho mientras Ciri hacía rondines para vigilar que en la noche todo estuviera con bien. Ese año empecé otro libro de cuentos y cuando se llegó el final del primer periodo (me dijeron en Juárez que podía tener otro año más), me sentí entre cansando y desilucionado. No supe ni sé porqué.
Me sentí cansado porque no tenía nada nuevo qué escribir. No dejé por eso de revisar todo lo anterior pero llegaba un momento en el que ese cantante de muertos, en el que los cuentos de esa primera versión de Sola no puedo me tenían harto. Varias veces estuve a punto del delete. Las historias me habían cansando. Esa navidad, después de las piñatas de libros, decidí tranquilizarme. En enero, empecé a llevar con Orlando un nuevo libro de cuentos que habían salido a cuenta gotas, casi de manera lateral al otro. Yo seguí en la tutoría todo cansado, aburrido, sin encontrarle un rumbo interesante a mi proyecto nuevo. En febrero, Arianna me escribió para invitarme a una colección de novelas para jóvenes. Su correo fue una gran sorpresa y me aventuré. Empecé la historia de un chico que vive en una unidad donde se roban a los niños y nadie sa quién es. Iba a cuenta gotas, un tanto emocionado porque al escribir esa novela recordaba las montañas de Monterrey, el cerro de la loma larga y el cerro de la silla. Casi podía internarme en ellos de nuevo, gracias al recuerdo.
Y después vino la revolución.
No lo puedo llamar de otra manera. Después de tanto frustración y gracias a una charla con Nadia (mi compañero de equipo y mafia de dos, como decía Julian Etienne) fue que apareció un maestro de historia que le gustan las batallas. Y escribí una primera línea y ya no pude parar. Fueron seis semanas de llegar a las ocho de la mañana y de irme a las diez. Seis semanas de escritura extrema, no por la calidad, sino por la cantidad. Sólo a la mitad de ese proyecto me detuve. De pronto, el personaje se había ido por otro lado. Tuve que hacer una pausa de un día y al finalizar borré parte de lo que había escrito. Al día siguiente, creo, la novela había vuelto a su cauce.
Fue una descarga emocional escribir de esa forma. No hablo de la pretensión de escribir como si, al hacerlo, escriba algo bueno, hablo simplemente de vomitar, no meto la calidad en esto, sólo de sacarlo todo. Al finalizar esas seis semanas me temblaban las muñecas y los dedos: la artrítitis, única enfermedad digna de quien se diga escritor. Pero no había tiempo para descansar y volví sobre la novela de Arianna y la terminé para las fechas estipuladas. En ese inter fui a Oaxaca, al ICC junto con Hinojosa varias veces a Monterrey a festejar los 30 años. Todo ese tiempo, no dejé de escribir cosas nuevas, de revisar cosas viejas. Sin embargo, para agosto, ya me sentía cansado. Días antes de la boda, le decía a O que estaba por cerrar el changarro. Aún volví de la luna de miel y me apuré a escribir un último texto, sencillo, de un chico que cuenta todo lo que no le tocó vivir en los ferrocarriles.
El saldo, ha sido generoso. La vida ha sido generosa. Anoche me salí a tomar un último café con mis amigos: Boone, Hinojosa, Vicente, Mijail. Hablamos de lo de siempre, nos reímos, nos burlamos. Al final, frente a la mesa vacía, era imposible no sentir que nos íbamos con las manos llenas. Nunca en mi vida había escrito tanto. Tres libros de cuento, tres novelas, un libro misceláneo, la mitad de un libro de entrevistas, la mitad de un libro de retratos. No hablaré de los cambios en mi vida personal, pero esto fue un regalo. No fue algo para que presumiera, no fueron galones para decir: fui becario de tal parte o como muchos lo ven también, una cuestión de dinero fácil. No, esto fue un regalo. Así lo veo, un regalo cuya envoltura no terminó de caer sino hasta el último día, hasta el último momento para mostrarle a cada quien, lo que tenía, lo que se llevaba.
Podemos hacer tontos a los demás, pero no a nosotros mismos. Yo me voy en paz. Tengo una cámara para grabar a mis amigos y a la casa, tengo tambien la garganta un poco anudada, porque mi regalo fue muy generoso, pero me lo gané. Escucho Home. Hoy vienen los nuevos a firmar sus convenios. Al rato brindaremos y a la noche me voy a Aguascalientes.

Tuesday, September 18, 2007

Empiezo a limpiar mi cubículo. Guardo el poster del luchador, hurgo en las cajoneras para tirar lo que ya no necesite, esos papeles que uno va cambiando de lugar interminablemente sin saber aún la importancia de los mismos. Aún no me atrevo a quitar la calaca huesuda y amarilla que Heidy me regaló y que traigo en procesión desde el ILCE, ni mucho menos el cuadro que Yuri me regaló, cuadro pequeño, pero que ha estado en este lugar desde que llegué. Todavía hoy, tal vez con ánimo de no irme, pegué en una pared la portada de mi último libro, los cazadores de pájaros, que hoy me hicieron llegar vía mail. Es una portada muy bonita, negra con cuadros anaranjados secos. Aún no puedo creer que este año saliera un libro más y sobre todo, que fuera a pedido. Los cazadores de pájaros es una novela de 160 cuartillas escrita de febrero a julio, además de las batallas que salió de marzo a abril y ahora está esperando en el cajón. Pero aún no quiero irme, pero también ya es hora. En fin. Ojalá quien ocupe luego este lugar, escriba tanto como yo lo hice o de menos, vaya a todos los cursos y conferencias.

Monday, September 17, 2007

Al final

Estos días me he sentido como al final de la fiesta, cuando sigues con una botella en la mano, semivacía ya, caliente incluso la cerveza y ves cómo los demás se despiden y se alejan con un breve ademán de adiós y los dueños de la casa empiezan ese lento y arduo proceso de limpiar los destrozos; pero tú no te vas, sigues ahí en ese rincón, aún tratando de exprimir una charla, esperanzado no sé qué cosa, como si todavía fuera a ocurrir algo importante a esas horas de la fiesta donde ya no puedes hacer amigos, ni iniciar charlas con aquel con el que nunca hablaste y donde los que murmuraron de ti no lo dejarán de hacer como lo hicieron desde el momento que entraste a la reunión y te preguntas, acaso con cierta inocencia, si las cosas pudieron ser distintas, qué habría pasado sí le hubieras hablado a la chica guapa ¿tendrías su teléfono? ¿Habrías podido acostarte esta noche, con ella? ¿Qué habría pasado si te hubieras acercado con aquel con quien no parecías tener ningún punto en común o si hubieras hablado aún más con aquellos que te dieron la bienvenida e iniciabas charlas torpes sobre la amistad y la política, esas charlas de principio de fiesta que todo mundo sabe, son sólo el tanteo para las charlas verdaderas, las que ocurrirán al filo de la madrugada, al calor de la ebriedad y el frío?, incluso te preguntas que si hubieras llevado más cerveza ¿aún habría fiesta? ¿aún estarían los amigos junto a ti?, porque esto de hacer amigos en las fiestas, ya se sabe, nunca es una decisión personal sino causal: bien pude volverme amigo del que a media noche me increpó por tardarme frente a la ensaladera.
A esta hora ya se bebió lo suficiente, se comió hasta saciar, se bailó, se cantó, etcétera.
Estoy en ese momento de la noche cuando te das cuenta que todos los que fueron a la reunión te empiezan a parecer extraños, porque hay un momento de la fiesta donde nadie está a gusto ni consigo mismo, cuando la botella está a punto de caérsete de la mano a causa de la ebriedad y ves a los que se van juntos, satisfechos para seguir con la parranda en otras casas o en la noche, por las calles de la ciudad, al filo de los mariachis o de los karaokes o en mesas donde se cocinan espaguetis y enchiladas o en los hospitales y las calles ebrias y no sabes si debes irte con ellos o quedarte con los que sólo fueron a la fiesta a chupar gratis, sin ánimos de conocer a nadie o si acompañarás un momento más a los que se van solos a casa, con las manos vacías, a sus camas heladas.
Estoy en ese momento de la fiesta; ya me corren, ya los dueños de la casa bostezan a mi lado, miran el reloj, me sonríen con cierto apuro y no intentan ni siquiera una última charla y veo los destrozos de la noche, las botellas vacías, las bolsas de basura, las manchas de vino, las colillas de cigarro, los platos sucios, los sillones donde un grupo cantó toda la noche, las esquinas donde se fumó con placer, las terrazas de donde se oían risas y complots, recuerdo los equívocos, porque en el fondo, toda fiesta, más que una reunión de amigos, es una reunión de contradicciones, de contradictores. Y veo a los últimos que se van para pegarme a ellos y como siempre, en un último afán de rapiña, todavía voy por algunos cacahuates, me robo la última cerveza para el camino y para empezar a recordar, arrullado por el ruido de la ciudad o de mis pasos, todo lo bueno y malo que pasó durante esta reunión de dos años, para empezar desde este momento la fiesta desde el único lugar de donde la podremos recuperar, desde la nostalgia.

Monday, September 10, 2007

Qué cosa, más gente se va de aquí y ni me entero. Bueno, muchos se han ido. Un tiempo sentí que todos se estaban alejando de sus lugares cómodos para emprender cosas o viajes inauditos, al menos para mí. Llegó un momento en el que tuve que tomar la decisión de también volar. Eso del sedentarismo, creo, no es lo mío. Pero ahora, ¿a dónde iré? Una vez pensé que quería trabajar en la Universidad del futbol en Pachuca o en la organización de los tuzos del Pachuca. Ahora quiero poner un negocio de dulces o de bolsas... después, un amigo me dijo que ojalá no dejara de escribir, de tal manera que al hacer autogestión, un día sólo me diera risa que un día quise buscar un trabajo que no tenía nada qué ver con escribir. A veces, un buen amigo me pregunta: ¿y cómo va el negocio de las bolsas? Yo nada más suspiro y le contesto: ahi va, ahi va.
Asi que... qué haré ahora. Eso de trabajar para que otros ganen no me llama mucho la atención...

Monday, September 03, 2007

Me encantan los blogs porque es una oportunidad para que todos nos sintamos especiales, al menos durante el ratito que escribimos para subirlo a la blogosfera. El que sube textos literarios o se publicita, quiere ser reconocido, el que sube chistes, algo de Jo jo jorge falcón tendrá, el que sube de su vida, como en este caso, quiere de alguna manera ser cute y aceptado. Esta generación tiene el complejo friends: wanabe, fresa, cool y con problemas. En fin.

Sunday, September 02, 2007

Monterrey

Ah... pues ya volvimos. Algo de tristeza me da cada que regreso de Monterrey, pero cada que vez esta tristeza se acrecienta. Vuelvo y pienso en los buenos amigos que se quedan allá, en las probables cenas en casa de Rilva y Monse, en salir con Odiel y Kara a sitios padres, en jugar al dominó cubano con mis padres y los papás de O, en trabajar en Monterrey, algo que no he hecho desde hace seis años.
Pienso entonces que ya es hora de volver, de vivir de nuevos con los amigos de allá, de organizar pequeñas reuniones en casa, de tener una casa, de ir a helados Sultana, de huir del sol para meternos al Rally huyendo del sol.
Ah.. Monterrey...
Y pienso, claro que tendría futuro en Monterrey, sólo que no sé en qué.
Ah...

Wednesday, August 22, 2007

Días antes de la boda

uy miércoles prisas maletas acomodar vestidos de novia trajes para civil y la ceremonia limpiar la casa sacar la última tanda de la lavadora ver el arenero de las gatas acomodar el sillón pasar un trapo por la pantalla del televisor buscar el cargador del ipod y la videocámara ir a sears a sacar tarjetas ver el corte de pelo empezar a sacar cuentas de quienes van a faltar buscar pantalones cerrar las maletas ponerme a limpiar la casa cocer huevos llueve llueve llueve llueve que técnica de reiteración tan más gastado ver las noticias esperando que Dean no llegue morderme las uñas decidir si el saco café o el saco con tonos verde oscuros buscar otra vez mis pares de calcetines ¿qué camisa me pondré? llegar a las seis cuarenta a Santa Fe ¿dónde quedó la cámara? ¿las invitaciones? ¿ya metí los anillos a la maleta? ¿dónde quedó el vaucher de depósito de la casa donde será la fiesta? cocer huevos comerlos limpiar el refrigerador que la abuelita de O hará una comilona el día de la boda que mi mamá anda histérica para comprar una mesa de cristal para firmar el civil y tarde tarde nos dimos cuenta que los viernes se pone un mercado afuera de la casa divertido los declaro marido y mujer y afuera ¡compren el kilo de tomates! ¡Llévese tres hamburguesas por veinte pesos! pero ya dijo el buen Felipe risas es lo que ya tienen y mientras buscar calcetines y ver a las gatas y sonarme las narices y pasar abúlico varios canales de televisión e intentar una última jugada de Age of Empires y pensar en los amigos del D.F. que no podrán ir y levantar las maletas y buscar las invitaciones otra vez y todo otra vez y todo otra vez porque la trnaquilidad aunque exista no está permitida y vigilar la maleta donde está el vestido cauda y velo y ¿dónde me voy a comprar ese ramito de flores que el novio debe de llevar en la solapa del traje? y caray, no podremos llevarnos las velas y los vasitos de vidrio y ver si el sonido está bien y el pastel y comprar salchichas para la fuente de queso, porque el chocolate blanco ya está ok oquei ocas y ¿qué dirán en la casa? y sacar la licencia para el carro y levantar la basura limpiar el arenero sacar la última tanda de ropa de la secadora enrrollar el cable de la plancha bañarme apagar el boiler salir tomar un taxi uy miércoles prisas acomodar maletas vestidos de novia para iglesia y civil y todo que vuelve a empezar otra vez.

Sunday, August 19, 2007

Despedida

Al final, en el Red fly, nos birlaron 1300 pesos, pero la fiesta salió bien. Me dice O que no piense en los que faltaron, pero a veces es difícil no pensar en los vacíos del corazón. Yo pienso en esas faltas y esas personas y me digo: algo me faltó, no he sido buen amigo. Imagino que así se llena los albumes familiares, un 80 por ciento con la gente que está dentro, un 20 porciento en el recuerdo de otras gentes.
Pero, la despedida, fue estupenda. Parra habló, Claudia bailó, César y Rodrigo tambien dijeron discursos: "ese intelectual irredento de las taquerías". O regaló paletitas de corazones a las chicas, yo iba de bandera en bandera. En algún momento de la noche aleccioné al guerco sobre las cosas buenas y las malas de la vida, pero es que el chamaco me cayó bien. Heidi se aventó el chiste de la noche, Katia nunca se separó de una esquina, Lilia bailó norteñas, Sarabia iba y venía, Paty y Maty estaban muy bien sentaditas en una mesa, lo mismo que Geney y Nadia y más tarde llegó Nadia Baram y Pedro, los dos de negro, muy apuestos, elegantes vaya.
Mariana llegó con un amigo francés y le dijo después, que pensaba con la frase despedida de soltero, una noche salvaje, tragos, mujeres, etcétera, pero le gustó, en lugar de eso, encontrar a una grupo de gente que se estima en el D.F. reunidos para ver cómo otros se casan, con buenos deseos y discursos de alegría por parte de los amigos.
Los pesimistas dirán: cuando te divorcies a ver cómo lees este post.
Ah... sí, el pesimismo siempre tiene formas de salir.

Qué más.

Un fin de semana antes de casarme, siempre recordaré que el viernes fui con Iván, Mar, Caro y Alex a ver la lucha libre. Me acordé de mi tía Martha. Luego, el sábado por la noche, después del cine y mientras O trabajaba, me puse a limpiar la casa. Afanado con jergas y pino para la alfombra, pensé poco en la boda y más en el olor del pino. Y todavía el viernes por la tarde estaba preocupado por el destino de mi novela de los muertos.
Hace mucho tiempo buscaba cosas que me definieran. Veía en el dolor y la felicidad de los otros, una marca, algo dónde reconocerme, en el dolor y la alegría. Otras familias me agradaban, otros amores también, otros dolores adoptaba. Luego llegaron los propios, los familiares.
Y estoy ahora aquí, en esta casa mientras escucho el ruido de la secadora y Nadja duerme tirada junto a un baúl y ahora se acaba de desperezar un poco y se recarga contra una lado del mueble y se queda viendo la orilla del sillón. Y yo escribo: aunque intente dejar de hacerlo, no podré dejar esto.
Ayer me probé mis dos trajes para la boda civil y la religiosa. Me pronto me ganó la curiosidad de ver cómo me veré, (gesto puro de egocentrismo). O estaba contenta cada que aparecía frente a ella, midiendome un traje, luego el otro, comparando las corbatas. Me sentía de distintas maneras con juguete nuevo.
Con esto del matrimonio, además, he oído todas las malas y buenas vibras del mundo. ¿Qué puedo hacer ante el escepticismo generalizado y el optimismo sin solidez? Sólo lanzarme como lo hacemos todos: ciegos, mudos, pero hacerlo, qué mas, confiando y tambien, amando.

Friday, August 17, 2007

Me apliqué, por primera vez en mi vida, un producto para evitar la caída de pelo. Olía muy fuerte y en la frialdad de la regadera sólo pude sentir cómo pasan los años, como en realidad no hacemos nada con nuestro tiempo. ¿O sí?

Friday, August 10, 2007

Me puse a cortar papel. Al cabo de una media hora, me dolían los nudillos y los dedos a causa de las orejas de las tijeras. Me acordé de mi padre, cuando decía que ya no podía cortar más ni un metro de tela. Y me mostraba las manos enrojecidas, los callos reblandecidos y rojos a causa del esfuerzo. Por momento me sentí terriblemente feliz al intuir que mis callos no estarían en la piel ni en mis nudillos como con mi padre.
Pero después me invadió el temor: ya encontraría la vida otras formas de ablandarme.

Sunday, July 29, 2007

Voy a Buenavista durante una semana a dar un taller de cuento con gente de allá. Diez horas, cinco días, en un pueblo perdido entre la selva y los cerros. Hay que bajarse en la carretera y caminar por el mercado (que no es más que una serie de columnas dispuestas en línea) y llegar hasta el centro cultural de Buenavista. La pequeña Grecia, también le dicen a este pueblo, gracias a que un maestro (abuelo de un amigo), se dedicó a ponerle nombres a un sin fin de recién nacidos. Al más puro estilo del cuento de "La tona", el profesor dio nombres que iban de Aristóteles a Zenón y toda una generación de Temistocles, Pericles, Demócritos y más andan aún en la pequeña Grecia.
Y hacia allá voy a dar un taller de cuento...
Suspiro entonces por conocer Buenavista.

Saturday, July 21, 2007

Tengo treinta años, pero a veces, al mirarme en el espejo, me sigo imaginando de diecisiete. Eso es terrible, porque habla de una miopía para comprender el tiempo, la edad. A veces creo que sigo en la preparatoria 7 Oriente, sentado en las bancas, feliz porque junto con un par de amigos, Josué y Fabián, compramos una pizza de Mister Pizza a la hora del receso. Y mientras el resto de los alumnos se conforman con una vil torta de jamón o conchitas con salsa, nosotros tres estamos probando una deliciosa pizza de salami y peperoni.
Pero lo cierto es que los dieciséis, los diecisiete, hace mucho quedaron atrás. No sé si uno empieza a amargarse cuando de golpe, se da cuenta en realidad de que tiene treinta o más años y que los tiempos del juego o de la esperanza, no sé, empiezan a quedar atrás. No sé si esta juventud que sigo disfrutando, también, tenga que ver con un hecho, que he retardado todo lo que puede envejecer a un hombre. No me he cargado de grandes presiones. He decidido vivir así, como dice la canción, sencillamente.
Parece complicado lograrlo, lo es.
Pero hoy me siento de treinta años, pero no puedo dejar tambien de sentirme un poco más jóven. Sigo viendo a veces, a gente de mi edad, muy grande, con una madurez en los ojos y el rostro que yo aún no veo en mí. Así que sigo con esta miopía de la edad. Espero que, cuando me calzen los lentes a la fuerza, esto, lo que vea al espejo, no me asuste.
Hago de comer, desflemo el pescado, limpio las espinacas, corto en rebanas pequeñas el queso. La cebolla, el tomate, el chile van a parte junto con las hierbas de olor....
Cocinar...
Cocinar...
Nunca seré Anthony Bourdain...

Thursday, July 19, 2007

Muchos años atrás, una tarde calurosa, me encontré, no como Dante en medio de una selva umbrosa, pero sí aburrido, en una plaza comercial al poniente de la ciudad, cansado después de comer unas gorditas doña Tota. Y me sentí lleno, hastiado mientras la gente hacía compras en aquella Soriana y un sopor extraño se paseaba entre los carritos de la despensa.
Salí a la avenida, sin saber muy bien a dónde ir. Y esperé. Esperé. Miraba las resbaladillas de un parque acuático, azules y frías bajo la tarde y la fachada gris y aburrida de un FAMSA. Así que caminé y me fui al otro lado del centro comercial. Llegué a una juguetería, entré, me perdí un rato en el pasillo de los juegos de mesa, tomé un juego, dispuesto para comprarlo, pero lo abandoné al llegar a la caja y salí con las manos vacías.
Ahora pienso que por aquel tiempo mi vida y mis días eran así. Ahora, cuando me descubro con esa misma sensación me parece que las cosas no han cambiado mucho en realidad. Así que tomé un camión Huinalá y vi pasar la ciudad: Lindavista con sus negocios pequeños y con un lujo clasemediero, las filas para comprar en el pollo loco, el insípido monumento a la madre con el sol quitándole cualquier belleza. En Monterrey, bajo el sol y el calor, se pierde cualquier rasgo de belleza. El trazo urbano quema, los arbustos y árboles se resecan. Monterrey es entonces un gran desierto que arde aún más con el reflejo platinado de sus coches y la sequedad de sus cruceros.
Llegué hasta Colón y Nueva Rosita. Entonces, lo recuerdo bien, aún vivía mi tío Roberto. Y en una esquina de ese cruce había un Bancrecer, ahora desaparecidos. Y a veces iba a realizar depósitos a ese banco, depósitos del negocio de mi tío Roberto. Me bajé y me detuve un rato frente a las puertas del banco. Pensaba que de un momento a otro podría aparecer por ahi alguien conocido. Pero no apareció nadie.
Así que, como en otras ocasiones, entré al Raly.
Aire acondicionado.
Entrada a quince pesos
Palomitas grandes a quince pesos
Refresco a ocho pesos.
chili-dogs a ocho pesos
El paraíso.
Vi Moulin Rouge. Salí enamorado de la película. Salí enamorado de las voces, del tango de Roxanne. Caray, hasta me dieron ganas de estar enamorado.

Tuesday, July 17, 2007

Historias minínas

Mía está en celo. Se arrastra sobre la alfombra como si trajera no sólo fuego por dentro, sino tambien navajas. Maulla de cuando en cuando, maullidos largos, agónicos y después que ha expulsado tanta tensión, se queda tranquila momentáneamente y se echa a un lado del refrigerador o en una orilla de la ventana donde le da el sol. Mía es una gata voyeur. En el otro departamento llegaba de un salto a la parte alta de una pequeña bardita y desde ahí miraba los techos de las vecindades, el bullicioso andar de la gente pisos más abajo. Luego se ponía a jugar. Luego huía de mí. Luego se tiraba junto a O como si sólo junto a ella estuviera en paz. (ya somos dos).
Pero ahora, Mía está en celo y es una gata insorportable. Debemos operarla, pero cuando la llevamos con el veterinario, éste dijo que no, así no. Así que la estamos sufriendo mientras Nadja, su madre, se tira junto al platón de croquetas, olvidada del mundo y de nosotros. Entonces pienso que tendremos a esas gatas durante muchos años más. No sé si esto sea, necesariamente una declaración de optimismo, pero debo decir que tal vez quiero más a Mía por rejega, pero más a Nadja por su capacidad zen. Y cuando O llega a la casa y se tira a jugar al Age, pienso por un momento en esa cuestión rara que son las familias. Qué cosa esto de formar las familias.

Monday, July 02, 2007

Retratos familiares

Tío rito
Escribo una novela y sin querer aparece en ella mi tío Rito, el hermano de mi abuelo. Mi tío Rito sale hasta la tercera revisión, aparece de la nada entre el diálogo de dos personajes. ¿Por qué sale mi tío Rito? Por uno de los personajes hablan sobre la viudez y yo recuerdo en ese momento al viudo de mi familia, al viudo honorable de mi familia. Se le murió mi tía Vickie a una edad donde ya todo estaba perdido, pero él se quedó con su silencio y sus misterios. Siempre fue el compañero de parrandas de mi abuelo. Siempre andaba con pantalón de vestir, camisa rayada, bien pasada por la plancha. Guardaba libretitas donde apuntaba todo y cuando estaba borracho se cubría los ojos con gruesos lentes de motociclista. Mi tío Rito siempre fue el viudo de la casa. Nosotros no fuimos sus sobrinos preferidos: los hijos de mi tía Paz siempre lo fueron de toda la familia, pero algo había en mi tío Rito que nos llamaba a la risa y a la seriedad. Murió accidentalmente, una tarde que, borracho, por evitar que lo atropellara un coche, dio un paso hacia atrás y lo arrolló un autobús de la ruta Monterrey-Mina. Estuvo convaleciente por meses, pero una tarde simplemente ya no soportó la carga de la vida, la enfermedad y la viudez. No recuerdo dónde lo velaron, sólo que en la madrugada, una ambulancia del IMSS salió con su cuerpo para llevarlo a Venado, en San Luis Potosí. Mi tío Rito. Qué sorpresa verlo aparecer en mi novela. Qué sorpresa, tío Rito, verte otra vez con su vestimenta bien planchada y tu libretita con apuntes, mientras le dices a mi personaje: "Yo soy de un pueblo de valientes."
Ayer domingo limpié la casa. Me descalcé y con tina, jergas y cloro me puse a barrer la alfombra, los azulejos, a limpiar, vaya, la casa. Me sentí muy bien limpiando. O trabajaba en la computadora y a las seis salí por la comid: sushi y pizza. Comimos tambien, muy agusto, mientras afuera caía un aguacero. La vida doméstica, pensé al volver a casa, aunque las gatas salten de un lado a otro y haya que cambiarles la arena y el departamento esté chico, creo, bueno, al menos por este momento lo pienso: será genial.

Tuesday, June 26, 2007

Cuestiones domésticas

Ayer llegó la lavadora-secadora. La buscamos en muchas mueblerías y al final, terminamos comprándola en el Wal-Mart (el Wal-Mart es la esencia de nuestra cultura). Es LG y tiene una puerta frontal, con espejito. Es plateada. Ayer me sentí técnico cuando la instalé y cuando me corté y me abrí una herida vieja, hecha con un cuchillo, no pude más que recordar cuando instalaba aire acondicionado con mi tío.
Y bueno, ayer estrenamos la lavadora. Primero nos dio risa que Mía fue y se sentó frente a ella para ver cómo se removía la ropa, después nos dio risa que fuera Nadja. Una hora más tarde, yo estaba frente a nuestra lavadora plateada y viendo cómo se movía la ropa. O nos tomó foto a los tres en ese momento, viendo el invento del hombre blanco.
Me dije Mijail, cuando les cuento, que un matrimonio no es compartir y ver los electrodomésticos, y me pregunto, si no es eso, entonces qué sí es.