A veces pienso que mi vida es muy aburrida. Y un amigo, Boone, dice que sí, en realidad la vida es muy muy aburrida. Y lo dice con tal certeza que pienso: ¿quién es el aburrido? Y a veces también pienso que en la vida casi no pasa nada o no veo que pase nada, sólo el mismo acto que se repite, (válgame el pleonasmo) una y otra vez. Pero después me doy cuenta que no, que en realidad estamos y estoy viviendo a ritmos vertiginosos, elocuentes, difíciles también, que las personas que están a mi lado también cambian de formas sorprendentes pero por la cercanía no lo podemos ver o no los vemos porque también, creo, la vida comienza a acotarte en un espacio restringido: sólo los más cercanos, la mujer que amas, la familia, los amigos más cercanos.
Y la vida acordona, demarca, limita así y nos vayamos a Europa, así tengamos hijos y se nos mueran seres queridos. Y cambiamos terriblemente en cuestión de meses. Pienso esto porque ayer fui a visitar a unas buenas amigas: y sus hijos recién nacidos. Me senté en uno de los sillones largos de la casa de ellas y cargué al mayor. Me sorprendía lo profundo de su sueño, sus manitas, los dedos alargados. Estaban los dos vestidos de calabaza por la cercanía de Halloween.
Hace dos años o más en esa misma casa, en una fiesta, otra amiga nos contó que se iba a casar y a los meses nos contó de porqué no se casó y casi un año más tarde, nunca más volvió para decirnos, porqué en Europa, en Francia, después de realizar estudios de Filosofía, decidió tomar el hábito y convertirse en monja.
Y hace dos años también unos buenos amigos se casaron y tuvieron una niña y la bebita murió. Y recuerdo que después de la última misa de cuerpo presente fuimos todos a comer pollos asados a un restaurantito pequeño al sur de la ciudad. Y mis cambios, pienso, cuántas cosas no han pasado en estos dos años que me han hecho ir cambiando poco a poco muchas ideas y formas de ver la vida. El espacio restringido no se vuelve algo terrible, sino el hogar. Y pienso en otra amiga que se casó a escondidas y otra que volvió a vivir con su madre y amigas a quienes les diagnosticaron enfermedades terribles y ahora luchan contra ellas y amigos con hijos nuevos. Y pienso de nuevo, en los espacios restringidos, en el hogar, el cómo crecemos sin darnos cuenta, cómo maduramos sin darnos cuenta, terriblemente solos muchas veces, terriblemente acompañados también. Y todo eso me provocó ver al par de hijos de mis amigas que hace dos años andaban de fiesta en fiesta y habían decorado mi trajinera del cumpleaños 27 con muchos anuncios de: prohibido orinar en los canales, etcéteta etcétera. Y al final, ya se sabe, lamentablemente no se pudo respetar esa prohibición.

