Thursday, March 26, 2009

Monterrey revisitado

Qué padre es ir a Monterrey y sentir ese calor bochornoso que te pone una diadema de sudor en la frente, ese aire caliente y seco que barre la explada de los héroes, ese sol metálico que barre la plaza de los 400 años mientras el agua fría resbala por las escamas de poliestireno de la lagartera. Como cosa impensable, buena parte de mis dos días fueron caminar del Palacio de Gobierno al Palacio Municipal. Con A, descubrí un cafecito muy escondido en Arreola y me encontré al bueno de Orlando echándose unos tacos dorados frente a la caseta de un estacionamiento. Con E recordé que la cerveza del Sierra Madre es a toda madre y hasta me gustó el estilo directo de una dependienta que, ofreciéndome una tarjeta de descuento y al ver mi desgana, me espetó un" bueno, te interesa o no", y cuando negué se alegó deseandome una feliz estancia, jajaja. Ya hacía mucho que no caminaba a un costado del Faro del Comercio y descubrí que el agua de la fuente cercana ya es tan verdosa y amarillenta, espumosa, como el agua de las fuentes de la Alameda, en DF. Caminé por Morelos, poco, pero me senté en una de las bancas de la Plaza Hidalgo, frente al monumento al prócer que Bernardo Reyes, otro prócer, mandó hacer de él. Estos meses se me antojan muy divertidos, ¿cómo le haré para dar con la talla, con las palabras, de don Berny? Pasé por su tumba y había coronas y quise ir por su avenida, tan llena de refaccionarias, cantinas y negocios de acero, pero ya no me dio tiempo. Pero qué padre es volver un momento al terruño y descubrir que, aunque la ciudad ya no sea la misma y los violentos la violenten, pues siempre será Monterrey, ese cerrote de la silla a sus espaldas.

1 comment:

PyBy said...

Yo tengo fuera del terruño aproximadamente 10 años, regreso cada minimo una vez al año, por eso tal vez, una conserva esa costumbre de hablar "golpeado", la honestidad y hospitalidad norteña y una que otra frasecita como aquella de "huerco cabrón"