Tuesday, April 26, 2005

Cambio de vías

Hablo con una amiga sobre los cambios de vida. Hablo con ella sobre el hecho de que a veces das vuelta a la derecha o a la izquierda sin saber si el camino al que te diriges tiene retorno. Somos como coches en el tráfico, con señalizaciones que nos dirigen, nos delimitan. A veces uno se detiene en la acera mientras toma aire y ve por el parabrisas los que vienen y luego con la mirada al frente todos los que van para allá. En el tráfico hay accidentes y coches de diferentes marcas, personalizados, con parabrisas raídos o defensas chuecas. Es una fácil metáfora esta de la vida. Pero a veces pienso que de estos años se puede sacar una buena historia para intentar decir que la juventud vive un mundo convulso y que las responsabilidades que nos caen, el lugar donde nos detenemos o donde pasamos de largo marca definitivamente nuestras vidas. Pienso a veces dónde me quedaré, dónde finalmente me quedaré, en qué casa con cochera guardaré mi andar de un lado a otro. Debe de existir una forma de contar esta vida. Un hombre y una mujer trabajan en la misma oficina. Él le manda flores a ella. El mensaje en el arreglo es sencillo: "¿Que porqué las flores? Sólo para desearte un buen día". Las palabras en sí no dice nada pero cuando la chica recibe el arreglo y va a agradecerle el hombre no le permite la entrada a su cubículo. Ella espera afuera por unos minutos y ante el encierro que emerge de los nervios y la nefastez del otro decide irse. Historia acabada. Una mujer se va de su ciudad a otra. Lleva consigo un conejo. El conejo muere en la otra ciudad y la mujer dice: "siempre que se te muere alguien dejas de pertenecer a un lugar". Es cierto. Otra mujer se va de su país a estudiar al extranjero. Una mañana su hermana le dice por mail: "Mi hija preguntó que si tú existías". Otra historia más clara sobre cambios es esta. Un hombre y una mujer se encuentran después de mucho tiempo. Viven en ciudades distintas. El amor los flecha. Algo de estar juntos les parece irretible. Se anudan como sólo el amor lo puede hacer. Pero ella vive lejos. En otra ciudad. Lo piensan. Ella decide ir con él. Lo cambia todo. Es como un renacer y ambas vidas se sorprende así mismas permitiendose ser después un largo estero de soledad.
Contrario, Un hombre ecuánime recibe la visita de una mujer. Una revolución de sentidos ocurre. Ella se queda ahí pero ama a otro. Luego vuelve a su ciudad y la encuanimidad ha desaparecido. La rehace poco a poco. Pero el hombre sabe que ser ecuánime es tambien, ser sin vida. Le dice que regrese. Él va. se encuentran pero al final ella ve su casa, su vida y su hijo. Decide quedarse. Decide abrazar lo que ya tenía.
¿A dónde vamos? No lo sé. Una pareja se casa, tiene una hija. Por cuestiones religiosas sufren ya que pertenecen a distintas religiones. El algún momento él siempre piensa que la cuestión de Dios lo alienta pero intuyo lo ve lejos en su vida, no lo ve completamente en su vida. ¿Estás aquí? se pregunta todas las noches. Otra mujer busca siempre marido y no lo encuentra en discotecas pero lo busca desesperadamente. Finalmente una mujer deja a su novio. Cuando regresa a su casa mucho tiempo después descubre que la casa es ahora una discoteca y va descubriendo poco a poco que donde antes había una sala ahora hay cinco mesas altas y espacio para bailar. Una niña le dice a otra: Muestrame tu cuerpo. Se lo dice muchas veces hasta que la otra niña accede. A veces me pregunto de dónde vienen los descubrimientos, que mano, que mirada, que suspiro nos van a lanzar en un tobogan de sorpresas como quien encuentra una calle que nunca antes ha transitado y reconoce con curiosidad las puertas y ventanas clausuradas o no, el fresco que mece los patios. ¿Dónde están esas tierras nuevas que emergen de nuestra juventud con tantos caminos abiertos? Como en aquella película de Almodovar donde la sirvienta de un doctor se pincha el dedo por accidente. Mana sangre y el doctor lo único que puede hacer es ir y lamer la sangre para después desnudarse ambos y ser sorprendidos por la esposa. Así, de un acto violento tal vez pensado es que inician las historias. Lo bueno de ellas es que las puedes ir corrigiendo. Lo malo de la vida es que es un instructivo celoso que te cobra cualquier omisión al momento de armar el modelo.

1 comment:

Mariana said...

de muchas pequeñas maneras más de una de estas historias es la mía, ¡soy tan poco original! besos.