Monday, September 25, 2006

Máscaras

Mi casa no es tan grande aunque sí está muy bien ubicada. Estoy a tres cuadras de la Fundación y a menos de quince pesos de la casa de O. Mi casa tiene una cocina pequeña, una sala comedor angosta y una recámara del mismo tamaño. El baño es amplio y fue, tal vez, lo que más me gustó de mi casa. Mientras buscaba, visité muchas. Los baños eran deprimentes. Ni te podías mover. La sensación de claustrofobia mientras te bañas debe ser una sensación terrible.
Ayer en la semi oscuridad, miraba mis muebles, el decorado. Tuve la sensación vaga de que todas mis máscaras me cuidan: mi jaguar amarillo con bigotes de cerdas de puercoespín vigila mi sueño mientras charla con la máscara del viejo chino que tiene esos largos cabellos y barbas esculpidas en la raíz mientras una tercer máscara, la de un hombre con frente de piel de armadillo vigila la calle, el paso de los automóviles en Frontera. Vi mi cuadro de Joy Laville que me ha acompañado por tantas noches y a un lado del librero el cuadro del caballo naranja junto a la fotografía de la pulquería xochimilca.
Así, dormido, los muebles de mi casa hablaban entre sí, igual las máscaras. Quién sabe qué dirán, cómo se callarán mis máscaras cuando despierto a las tres de la mañana con una vaga sensación de ahogo y me arrastro al sillón a prender la televisión o buscar en alguna revista los infortunios de José Bonaparte, o tengo la idea de que debo de leer esa novela de el mar.
Son pocas cosas las que me definen: un puñado de máscaras, tres cuadros en casa, mis libros, las copias apiladas de textos que esperan revisión. Y hoy, al despertar tuve la sensación de que mis máscaras hablaban y me cuidaban. Cada una con una personalidad distinta, una sabiduría distinta. Uno no las busca en los tianguis por cómo se ven o verán en la pared, sino por la personalidad que tienen. Imagino mis máscaras, cada una con su personalidad y queriendo congeniar entre ellas. El jaguar fiero, sabio, el anciano igual de sabio, con cierta nostalgia, una mujer china divertida y mi máscara purépecha sobria. Todas ahí.
Hoy me dieron una idea. Hay que hacer una caja, llenar una caja. Una caja para cada década. Homenajear la vida con cajas del tiempo. Tengo 29 años y los cambios se acercan. Tengo que buscar una buena caja y meter todo lo que he escrito hasta ahora, algunas revistas, fotos, fotos de mi cuarto, fotos de O, fotos de mi familia. Tal vez las máscaras me dicen que viviré muchos años y esto apenas empieza. O tal vez mis máscaras me dicen que no viviré tanto como lo planeo y que es necesario dejar cajas del tiempo con fotos de las casas donde habitamos, de los que ahora son y están. ¿Quién se apunta?

3 comments:

Miguel Antonio Fartúa Lamm said...

Yo me apunto. ¿cuántas casas se necesita haber dejado atrás para inscribirse?

Un abrazo

Miguel Antonio Fartúa Lamm said...

Otra vez:

¿Cuántas cosas se necesita haber dejado atrás para inscribirse?

Mi Toño, qué linda es la vida por el DF, ¿no crees?

A Ramos said...

Hola Gerardo. Ah... pues, con tres es más que suficiente. Tengo cinco años en el d.f. y estoy en mi séptima casa. En realidad octava, porque no cuento la casa de la que salí en Monterrey. Y claro, apúntese. Voy a hacer esa cajita del tiempo a ver qué sucede