Friday, November 10, 2006

Tlaxcala

Tlaxcala la bella. La despaciosa, como la describió Alberto en su libro. Jair es un excelente anfitrión cuatro agradables poetas mas Moises, su novio y un amigo de él es lo único que se necesita para pasarla bien en una cena o un desayuno. Es curioso salir de "gira" artística cuando no sabes si eres o no eres artista aunque muchos se cuelguen el mote con singular alegría y desparpajo. El jueves leímos en la Universidad del Altiplano. Es magnífica. Llegué antes y me fui a buscar algo de comer a la cafetería de la secundaria anexa. Entre huercos de 13 y 15 años me puse a leer y me sentí viejo, indefinidamente viejo.
Después, a las once, inició la lectura. Glafira Rocha, Moises Zamora y Alberto Chimal estaban también ahí. Es impresionante lo bien que lee Chimal sus textos. No conozco un autor que les de más vida aún al leerlos. Por lo general quienes escribimos leemos pésimo delante del público pero no Alberto. No él. Los alumnos estuvieron muy amenos con los cuatro y al final hubo una gratificante charla que se alargó por más de quince minutos.
Sin embargo, aún nos faltaba el evento del día: la lectua de poetas de puebla en el Museo Miguel M. Lira. Ahí, ahora en la sesión de preguntas y respuestas, un espectador se puso en pie e increpó a una de las poetas diciendole hasta de lo que se iba a morir. Siempre que alguien ataca a un escritor huele a sangre. Es esa sensación de sentir que hay sangre en el agua y tiburones cerca. Si se escribiera para que les gustara a todos lo que cada quien escribe, este sería un mundo terrible. Peor aún, si se escribiera para que te guste a ti, oh lector enfebrecido por la crítica y la noción del ser y de las buenas costumbres literarias, quién sabe qué sería, fue una de las respuestas del resto de los participantes a ese crítico literario.
Como sea salimos entre asustados y divertidos. Yo dormí como un lirón (noten la frase común), en mi habitación oscura como boca de lobo (ahí está otra frase común) y al despertar tenía hambre. Y fui a comer. Después nos llevaron a una entrevista de radio. Siempre tengo la noción de que diré cosas estúpidas en una entrevista de radio y creo que no fue la excepción. Al regresar tuve ganas de quedarme un rato más en Tlaxcala pero era imposible. Ahora me tocan siete horas camino a Tampico. Llegaré en la noche y madrugaré el domingo para meterme al mar. No sé en qué momento, en el futuro, leeré este post y recordaré las cosas viejas de estos días, los dolores, nostalgias y esperanzas del 10 de noviembre.

2 comments:

Anonymous said...

Lucky you......

Carlos said...

Sí, se te espera en Tampico...