Tuesday, January 09, 2007

Retratos Familiares

Heidy
Yo seguía ignorándolo todo entonces, pero cuando encontré a Heidy en uno de esos nudos del camino comencé a entender algunas cosas. Con ella entendí que nada vale más que una buena sonrisa y que es posible dialogar en lenguas desconocidas aún y cuando no tengas idea de lo que dices. Con Heidy en esa oficina del ILCE, donde la mayoría eran desconocidos, lograba sentirme en casa. No conocí entonces persona más dispuesta a la amabilidad y al corazón que ella. A veces se hacía la mala y decía con un aire autoritario que no le salía: “Sí, soy mala, mala y qué”. Otra de sus frases era: “a verdad”. Y yo me divertía mientras leía lo mismo a Zweing que a Ignacio Manuel Altamirano. Una vez me dijo que le recordaba a su hermano. No lo sé. Tal vez no le recordaba a su hermano pero algo había que nos hacía buenos compañeros de trabajo y buenos amigos. Junto con Luis, su pareja, y otros amigos, nos íbamos al cine o a cenar y era sorprendente cómo ambos se conectaban para las bromas y la seriedad. Siempre elegante, con la sonrisa dispuesta y la broma que aligeraba la larga mañana de trabajo, a veces Heidy llegaba a mi cubículo y me hacía reír. Le gustaba pintar y siempre tenía un cuadro pendiente por acabar. Una vez me dibujó y fruncía el seño porque mi imagen no le salía. Yo recuerdo y recordaré por siempre su pelo corto peinado por en medio, sus lentes negros, cuadrados, su sonrisa sin emboscada. Luego, cuando se iba, yo le decía en broma: “no te vayas, no te vayas”. Ella se detenía un momento, miraba por la ventana y decía: “pero a quedar. A verdad”. Y se iba. Así es como se va la gente que siempre importa, en medio de una sonrisa que te deja limpio el corazón.

1 comment:

Tovarish said...

Toño un abrazo y bendiciones para este año que comienza.