Thursday, September 27, 2007

Reseñita apurada de dos años

Hoy es mi último día en la Fundación. Ya los cubículos están limpios. Desde hace un semana me he llevado mis cosas. Ojalá pudiera hacer, con precisión, un paso detallado de todo lo que viví estos dos años, pero van dos veces que borro sin querer lo que he escrito. Hablaba de Depeche Mode, de los amigos, del calentador de María, de la vez que Boone se cayó de una mesa una tarde que cayó un fuerte granizo. La biblioteca de inundó, pero nosotros mirábamos desde la terraza aquella masa blanca y helada que había ocultado el suelo y flotaba a la deriva como un témpano desmayado.
Pero he borrado, sin querer, todas esas largas descripciones. Con Orlando escribí una novela que me llevó un año, con Bernardo escribí un libro de cuentos en ese primer año. Gracias a Edgar me apuré a terminar un libro misceláneo y en marzo apareció el Torri. Cómo trabajé Dejaré esta calle y aún cuando lo leo me lleno de horror al encontrarle fallas. Por eso ya no lo leo. Fue un primer año de hacer amigos también, de llegar a la fundación a las nueve de la mañana e irme a las ocho mientras Ciri hacía rondines para vigilar que en la noche todo estuviera con bien. Ese año empecé otro libro de cuentos y cuando se llegó el final del primer periodo (me dijeron en Juárez que podía tener otro año más), me sentí entre cansando y desilucionado. No supe ni sé porqué.
Me sentí cansado porque no tenía nada nuevo qué escribir. No dejé por eso de revisar todo lo anterior pero llegaba un momento en el que ese cantante de muertos, en el que los cuentos de esa primera versión de Sola no puedo me tenían harto. Varias veces estuve a punto del delete. Las historias me habían cansando. Esa navidad, después de las piñatas de libros, decidí tranquilizarme. En enero, empecé a llevar con Orlando un nuevo libro de cuentos que habían salido a cuenta gotas, casi de manera lateral al otro. Yo seguí en la tutoría todo cansado, aburrido, sin encontrarle un rumbo interesante a mi proyecto nuevo. En febrero, Arianna me escribió para invitarme a una colección de novelas para jóvenes. Su correo fue una gran sorpresa y me aventuré. Empecé la historia de un chico que vive en una unidad donde se roban a los niños y nadie sa quién es. Iba a cuenta gotas, un tanto emocionado porque al escribir esa novela recordaba las montañas de Monterrey, el cerro de la loma larga y el cerro de la silla. Casi podía internarme en ellos de nuevo, gracias al recuerdo.
Y después vino la revolución.
No lo puedo llamar de otra manera. Después de tanto frustración y gracias a una charla con Nadia (mi compañero de equipo y mafia de dos, como decía Julian Etienne) fue que apareció un maestro de historia que le gustan las batallas. Y escribí una primera línea y ya no pude parar. Fueron seis semanas de llegar a las ocho de la mañana y de irme a las diez. Seis semanas de escritura extrema, no por la calidad, sino por la cantidad. Sólo a la mitad de ese proyecto me detuve. De pronto, el personaje se había ido por otro lado. Tuve que hacer una pausa de un día y al finalizar borré parte de lo que había escrito. Al día siguiente, creo, la novela había vuelto a su cauce.
Fue una descarga emocional escribir de esa forma. No hablo de la pretensión de escribir como si, al hacerlo, escriba algo bueno, hablo simplemente de vomitar, no meto la calidad en esto, sólo de sacarlo todo. Al finalizar esas seis semanas me temblaban las muñecas y los dedos: la artrítitis, única enfermedad digna de quien se diga escritor. Pero no había tiempo para descansar y volví sobre la novela de Arianna y la terminé para las fechas estipuladas. En ese inter fui a Oaxaca, al ICC junto con Hinojosa varias veces a Monterrey a festejar los 30 años. Todo ese tiempo, no dejé de escribir cosas nuevas, de revisar cosas viejas. Sin embargo, para agosto, ya me sentía cansado. Días antes de la boda, le decía a O que estaba por cerrar el changarro. Aún volví de la luna de miel y me apuré a escribir un último texto, sencillo, de un chico que cuenta todo lo que no le tocó vivir en los ferrocarriles.
El saldo, ha sido generoso. La vida ha sido generosa. Anoche me salí a tomar un último café con mis amigos: Boone, Hinojosa, Vicente, Mijail. Hablamos de lo de siempre, nos reímos, nos burlamos. Al final, frente a la mesa vacía, era imposible no sentir que nos íbamos con las manos llenas. Nunca en mi vida había escrito tanto. Tres libros de cuento, tres novelas, un libro misceláneo, la mitad de un libro de entrevistas, la mitad de un libro de retratos. No hablaré de los cambios en mi vida personal, pero esto fue un regalo. No fue algo para que presumiera, no fueron galones para decir: fui becario de tal parte o como muchos lo ven también, una cuestión de dinero fácil. No, esto fue un regalo. Así lo veo, un regalo cuya envoltura no terminó de caer sino hasta el último día, hasta el último momento para mostrarle a cada quien, lo que tenía, lo que se llevaba.
Podemos hacer tontos a los demás, pero no a nosotros mismos. Yo me voy en paz. Tengo una cámara para grabar a mis amigos y a la casa, tengo tambien la garganta un poco anudada, porque mi regalo fue muy generoso, pero me lo gané. Escucho Home. Hoy vienen los nuevos a firmar sus convenios. Al rato brindaremos y a la noche me voy a Aguascalientes.

3 comments:

Iván said...

Felicidades Sr. Me da mucho gusto por usted que sin duda alguna se lo merece. Que le vaya muy bien en Aguascalientes cosechando la siembra que poco a poco va brindando frutos.

Saludos a O!

blanca figueroa said...

Qué bueno que puedas presumirnos tus logros, la verdad qué bueno por ti , con esto demuestras que los becados sí trabajan, y lo digo con todo respeto... Felicidades también!!
Ah, y qué crees, el otro día te vi a ti y a Orfa cerca del metro Zapata... sentí raro, no, raro no, sino que se siente curioso ver en persona a alguien a quien lees y a quien conoces por foto. Saludos!!

ALMA LILIA JOYNER said...

Ahora si, quien sabe cuando los podré ver.
Extraño a Orfa, tomé fotos de su blog del tuyo, pues ya ni lo veo.
Es agradable saber que estás logrando lo que quieres, creo que Aguascalientes te dará el cobijo que mereces.
Saludos.
Alma Lilia Joyner