Wednesday, December 20, 2006

Zafarrancho piñatero

Somos felices sin darnos cuenta. Una tarde nos descubrimos en Londres en una calle céntrica con un chocolate en la mano y nos damos cuenta que somos felices. Una mañana nos despertamos y vemos a nuestra gata dormida a nuestros pies y somos felices. Una tarde cualquiera, camino de una ciudad a otra vemos el contorno de la sierra por la ventanilla del avión o las casas blancas al lado de la carretera y nos damos cuenta que somos felices.
¿Soy feliz? Debería decir que sí. ¿Se me llena la boca con la palabra? Debería de decir que no sé. A veces la felicidad no es esa euforia sino un momento muy breve en el que te sientes en paz. Anoche, por ejemplo, fui feliz eufóricamente. Fue la tradicional posada de la Fundación. Amigos y amigas comían carnitas mientras un grupo veracruzano animaba la noche con sones y letras divertidas. Boone platiacaca con Sarabia y Suri. Yo hacía lo mismo con Alejandro y Nadia. En un cuarto miraba las famosas piñatas repletas de libros. Alejandro dijo que le parecía un poco vulgar piñatas con libros pero a mí me parecen una excelente idea.
Cuando dieron paso a las piñatas cerca de treinta nos pusimos en pie y nos quedamos a un lado de donde le iban a pegar. Se alzó ese vientre amarillo con listones y papel lustrina y comenzaron los golpes. Las risas, los nervios, la ansiedad corrían de un lado a otro. Todos gritábamos vivas con los ojos puestos en la fragilidad de la piñata.
Y se rompió con los golpes de Hernán.
Y cayeron los libros.
Aquello fue como poner un brazo en un estanque de pirañas. Brazos, patadas, rasguños. Yo sólo sentí como me empujan y caí afortunadamente sobre la trilogia de Auschwitz de Primo Levi. Estiré la mano y recibí rasguños. Paladeaba los libros con la punta de los dedos pero otros dedos aparecían, otras manos que arrastraban. Con voracidad de pelícano, Hernán, quien miraba el ajetreo de pie, se puso a robar libros de todos los que estabamos en el suelo e intentábamos ponernos en pie pero era difícil, porque no podías apoyarte con las manos para hacerlo, era regreasar los libros al arrebatadero.
La segunda piñata no llegó al suelo. Todos pescamos los libros en el aire. Caían en el pobre parto de la piñata. Nadia quedó boca abajo y creo que la levanté sólo porque tenía un par de libros bajo ella. Ahí recibí un golpe en la espalda. Al final terminé con siete libros. Paco fue el ganador, alcanzo 24. Y veo mis libros producto de ese salvajismo y me da risa. Nunca más, creo, tendré piñatas con libros sobre mi cabeza. Eso, pienso, bien vale decir que vivirlo me ha hecho feliz.

4 comments:

eduardodegortari said...

JAjajajajajajajajajaja. Una piñata con libros para un montor de scritores no es buena idea en realidad, es como una piñata con coca, mota y y tachas para drogadictos. No, no creo que sea buena idea, pero si es una idea muy divertida.

Ahora que lo pienso:
¿Que te toque en la piñata de libros uno de Carlos Cuautemoc Sáchez es como te toque agarrar en una piñata normal los cachuates con lombrices, las limas ácidas y las cañas secas?
Saludos

rosa maria said...

Yo digo que uno es feliz en aquellos momentos en los que uno vive la vida, sin pensar en la vida.
Un abrazo muy fuerte Tonio y los mejores deseos para el 2007. Salud!

Alvaro said...

Nos despertamos en londres...caminamos hacia otra ciudad...vemos las casas por la ventana...nos sentimos felices Quienes? Tu viajas siempre acompañado, tienes kizas un alter ego imaginario o quieres incluir en tu experiencia a todo el genero humano?
Bonita onda la piñata literaria.
saludos

Anonymous said...

Hola Eduardo, Rosy, Alvaro, jeje, sí, una piñata con libros a veces no es mala idea, y Rosy, tambien deseo que el 2007 sea feliz para ti y Alvaro, ah, pues, no sé si extensivo mi alter ego, pero a veces escribo sobre cosas que imagino ven mis amigos, pequeños homenajes a las ciudades donde estan, a lo que ven por sus casas.

Saludos a todos. A. R