Friday, February 23, 2007

Minería

Gracias a la Fería del libro del Palacio de Minería fue que vine por primera vez a la ciudad de México. Como buen encargado de la bodega y de la venta de libros, fue casi obligación que asistiera a la FIL del 2000, cuando Nuevo León fue estado invitado. Aún recuerdo el viaje, porque además, nunca había viajado en avión. Apenas aterrizamos en el aeropuerto y ya camino a la banda de equipaje, Víctor Hurtado, quien iba muy orondo y tranquilo, me dijo: bienvenido a la ciudad de México. Son palabras que no olvidaré. Después, tomamos un largo trayecto por circuito interior donde las fachadas de las casas, el denso tráfico, y el metro terrestre eran una sorpresa a cada instante.
Comimos en el fish, después fuimos a casa de una amiga de Víctor. Más noche al hotel Parque Ensenada en Alvaro Obregón: para mí, el d.F. está intimamente ligado con esa calle y con la sorpresa monumental cuando vi por primera vez el MUNAL y el Palacio de Minería. La fería, por lo demás, fue caótico, exhaustiva y nocturna. Me pasaba la mitad del tiempo atendiendo el stand al que llegaban regios en el exilio defeño y nos compraban libros y más libros. Después, vagabundeada entre los stands para ver si encontraba algún libro o me salía a comer a La Opera.
Fueron once días de correr a la bodega, poner libros, vender más, organizar un par de presentaciones de libros de autores regiomontanos.
Al final de la jornada sólo quería ir al hotel y dormir. El último día estabamos muy cansados Víctor y yo. Comimos pizza en un lugar en Motolinía, después compramos dulces en La Dulcería Celaya. El desmonte del stand fue caótico, diablitos de un lado a otro, cajas por todas partes: las bodegas de la FIL atiborradas, camiones y camionetas de mensajería en todos los carriles de Tacuba. Al regresar tenía esa extraña duda, ese juego en la boca que me hizo decirle a Víctor: ya verás, que en unos cinco años me vengo a vivir al D.F. Se lo dije con toda la inocencia cno la que externamos nuestras esperanzas. No había pasado ni año y media de tal sentencia cuando ya me había venido a vivir acá. Han pasado cinco años desde entonces y sigo pensando que pronto, muy pronto, me voy a ir.

1 comment:

eduardodegortari said...

ya ves cómo son las cosas, quizá nunca te vayas , quizá sea mañana. Ya te envié el cartel. Saludos.