Tuesday, October 30, 2007

Cada que sueño con la Fundación tengo pesadillas. En mis sueños vuelvo a vivir las intrigas, las murmuraciones, los golpes bajos, las burlas entre costillas que fueron también la Fundación. Y vivo los pleitos que omití, desdeñé o ignoré como si fueran algo verdadero, escenas más contundentes de esas trifulcas inútiles sobre el quehacer literario.
¿Era bueno estar en la Fundación? Me preguntaron en Tuxtla hace días. No supe qué responder de inmediato, pero dije, sí, sí es bueno, pero al final se torna en algo vicioso. Todos hacen grupos, todos se creen excelentes poetas, narradores o ensayistas y desdeñan, por eliminación, lo que hacen los otros.
Lo recordé este domingo mientras veía Project Runway. Eliminaban a un diseñador que no logró vestir con elegancia a una mujer pasada de peso y el amigo, un diseñador considero yo que con talento, un paco pagado de sí mismo, pero con talento, se ponía a llorar al ver a su amigo expulsado al tiempo que gritaba: se quedó gente que no es diseñador, y los buenos se van.
En todas partes se cuecen habas. A mí me da por olvidar entonces esa vida. Por borrarla, casi.

2 comments:

Anonymous said...

Toño, creo que tu comentario es algo injusto... La fundación es un espacio donde uno crece tanto como podamos hacerlo, más allá del ambiente de sobremesa que, por lo demás, existe en cualquier parte. También el murmullo a nuestras espaldas es, finalmente, humanidad.

Un abrazo y qué bueno que disfrutaste Chiapas, mi tierra puesn.

La Naya.

A Ramos said...

Ah, Naya, lo sé, en un balance, todo fue bien. En el fondo, esos sueños son una forma de desapego, porque sí cuesta trabajo desapegarte.