Thursday, November 08, 2007

Paseando por la Roma

Cinco años tardé en llegar a la colonia Roma. Antes, mi periplo me llevó por seis casas en Aragón, Plateros y Villa Panamericana. La colonia Roma fue mi primer contacto con el D.F. porque ahí está el hotel donde me hospedé la primera vez que vine a la capital. Y ya he vivido en dos casas en la Roma. De una me echaron porque la dueña ya necesitaba el departamento y en la otra sigo. Ahora que vino K, una amiga de O, de Mty, nos dimos dos días para caminar por la Roma. Comimos pescados y mariscos en un sitio de Cuauhtemoc, fuimos al Garros a ver cosas para gatos, tomamos café, compramos chucherías en una tienda de artículos de diseñadores gráficos y pasamos por el célebre hotel Roma donde hace unas semanas golpearon a Fabiruchis, es decir, Fabían Lavalle, por ir "a una fiesta con mujeres". Ajá.
Los fines de semana la Roma muere. La mitad de su población, (oficinistas), se van. Se pone un mercado por el porque Puskin (mercado un poco caro) y otro de anticuarios y cosas artísticas. Engloban esas cosas artísticas a coleccionistas de tarjetas ladatel, vendedores de ataris 2600, músiqueros cubanos, artístas del óleo y el martillo, vendedores de lámparas esquizofrénicas, detallistas con minuaturas de naves espaciales y soldados de plomo. Además, los alrededores de los bisquets de Obregón se atiborran por familias que pagan una millonada por comer fuera de casa un plato de huevos con jamón o a la mexicana.
Es curioso el fenónemo este de los restaurantes o cadenas. Por 50 pesos te dan 150 gramos de huevos a la mexicana, frijoles de lata y un bolillo. Y la gente asiste contenta a gastarse un dineral ahí. Van con la abuelita sedienta por el chocolate de 25 pesos, los churros de 18 y la pieza de pan de 10 pesos. Con los niños ansiosos de los hot cakes de 45 pesos con refresco incluído y los chilaquiles con huevo de 70 (tortillas quedadas con un huevo). Yo prefiero gastar, al menos, en algo donde la cocina tenga un poco más de elaboración.
Así que anoche, después del evento, nos fuimos a los tacos de la Alvaro O. Hacía mucho frío y me encontré al buen Villarreal. Hace un par de semanas él también estaba en Acapulco, en un evento que se llamó La nueva Ola. Yo andaba dando un taller. Quedamos de vernos pero me acometió un cansancio terrible y no pude disfrutar de la noche porteña con al menos un amigo. Me llegaba la música de la ciudad por las ventanas del Acapulco Tortuga. En fin.
La Roma, qué festín cuando no te golpean en un hotel, ni te balean frente a una gasolinera como a un amigo hace unos meses.

1 comment:

cris said...

yo también llegué al DF a un hotel de la Roma. Y luego viví en un departamento en la Calle de Jalapa. Pero algo pasa con la Roma que no termina de gustar, tiene como un sino medio trágico.