Monday, January 28, 2008

Mi primo anda por acá y ayer fue a la casa a jugar Playstation. Si bien, he comprobado el gusto por competir con O en este jueguito... no se compara en nada a competir contra otro hombre. Cuestión de personalidades, no lo sé o restos de machismo, pero ayer le gané a mi primo al menos seis carreras en el need for speed carbon, tres más en el motor kombat, una mas en el hydro tunder y aunque en las peleas demostró ser el dios de la guerra, com se autonombró después de que en el samurais warrrior yo sólo alcancé la ridícula cantidad de 168 muertos contra los casi 221 de él, al final era obvio quién era el ganador de la contienda.
Cuando salimos a comprar hamburguesas al carbón, o a la flama más, bien, unas que venden muy cerca de la casa y que por los rumbos de la Roma son casi casi famosas, empezamos a hablar de la ciudad de México y mi primo me decía que era un aliviane venir y encontrar al menos un familiar con quien pasar los domingos por la tarde. Y es que ayer, después de que me fui a tomar un café con O al starbucks del centro comercial Reforma 222, prácticamente me la pasé con mi primo.
Fuimos a comer al mercado, después a comprar carne y las verduras para la comida de toda la semana, compramos unos yukis (raspados para la comunidad defeña), luego a un lado del mercado vimos una golpiza que un tipo le acomodó a un güey. (Me gusta la palabra acomodar en relación con golpiza, como que da la impresión de que procuró madrearlo bien, bonito, con ganas, cuidadosamente) y finalmente volvimos a casa.
Pero mi primo me decía, no sé cómo le hiciste para estar solo tanto tiempo. Y zas, recordé mi primer año en el D.F. mi única amiga que me prestó unas cobijas porque no tenía ni con qué taparme, me acordé de esos tres meses en Plateros con tipos suicidándose en los edificios aledaños, una tina de pintura que me servía de silla, comedor y escritorio, aquella semana que viví sin luz, mi televisión-radio que sólo sintonizaba un par de canales y a veces se le iba el sonido. Me acordé de ese frío en aquel departamento vacío y del calor de las migas con huevo que me daba la señora Ana. Con muy poco dinero, decidía estúpidamente darle mate lo más rápido posible. Y lo gastaba en pendejadas como ir al cine y comprar palomitas y refresco aunque el resto de los días me la pasara con una comida o dos que siempre consistía en carne grasienta y barata o en pan inmenso y azucarado.
Y ahora ya íbamos de regreso a casa con las hamburguesas en la bolsa y pensando que ya era domingo por la tarde y qué sorpresa decir, todavía es domingo por la tarde y tras casi seis años de vivir en el D.F. sigo caminándolo, sigo queriendo a esta ciudad todavía por descubrir.

2 comments:

José Luis said...

Antonio:

En eso te envidio, siempre quise tener un primo con el cual irme de juerga, aunque sea una tarde, aunque sea una tarde.

Hace poco un primo mío se fue a vivir cerca de mi casa, ahora tenemos nuestras respectivas familias, y me ayudó con su camioneta a ir a recoger unas cosas allá por la avenida Gonzalitos.

En la conversación me di cuenta que ambos estamos deseosos de sentir de cerca a la familia, de saber que hay alguien que lleva tu sangre y te quiere.

Desgraciadamente mi familia nunca fue tan unida como deberías serlo, nos toca a las nuevas generaciones cultivar ese don.

Un abrazo Toño, disfruta la Ciudad, yo también la disfruto cuando voy por allá, aunque sea solo una tarde.

Buena salud a todos.

Carlos del Castillo said...

Antonio, aquí te paso a saludar, pues sí, espero que exista un librillo por ahí, se supone que debe haber, jejejej, saludos Antonio, nos seguimos leyendo.