Thursday, April 12, 2007

Ideología sobre las dietas

No me gusta mi dieta. La odio. Son puras carnes, verduras, algunas grutas y gelatina. Nunca en mi vida pensé que comería tantas espinacas o calabazas o mangos, durazos o ciruelas. Me consuelan los puños de All-bran, pero ya estoy cansado de los pepinos yla jícama con limón y chile y si bien los resultados han sido muy alentadores, ni el all-bran ni los pepinos ni la jícama pueden hacerme sentir mejor en esos breves momentos donde una donita bimbo o una rebanada de pastel son el sueño más preciado.
Pero, sin duda, este régimen me ha puesto a pensar en todo lo que nos destruímos al comer. Siendo honestos, tenemos hábitos alimenticiones que alarmarían a cualquier nutriólgo con sentido común. A veces le digo a O que, cuando esto termine, faltarán unas seis semanas, no dejaré de comer berros y nabos, espinacas y sandías y huevos cocidos en agua. Me siento mucho más ligero y hasta un poco despierto.
Hoy en la mañana veía en el canal 22 un programa sobre las hormonas que nos regulan desde el deseo hasta el miedo. Una sección del programa contaba la historia de un hombre que vive en un régimen riguroso de alimentación. El motivo: ver cuánto nos dañamos al comer. Los resultados de la prueba era generosos y extraños. Había un detenimiento en la vejez de las celulas de la piel y del cuerpo. No comer mantenía al hombre, ligeramente más jóven. Claro, tampoco dejaba de comer, pero esenciamente, su cuerpo funcionaba con niveles tranquilos de estres. Al fondo del sitio donde lo entrevistaban se encontraba una cocina agradable. Pensé: ¿cuántos omelettes no se prepararon ahí? Y me dio un golpe de nostalgia.
Algo que me sorprende, en cambio, es la fuerza de voluntad. He seguido a pie juntillas las recetas y el régimen. Acaso lo he roto sólo con una buen plato de capirotada y medio rol de canela. De ahí en más, tengo tantas semanas sin falta en mi hoja. He tenido mis descuidos, como comer pera cuando no está permitida o sobregirar las gelatinas. Pero me sorprende que vaya lo mejor posible. Creo que, quien cumple bien una dieta, hace callo, carácter y después, bueno, después que siga el maratón.

4 comments:

blanca figueroa said...

Dicen que a los hombres les cuesta menos llevar una dieta (cuando la llevan) y bajar de peso. Lo atribuyo a que ustedes no se preocupan tanto por el peso ni nada por el estilo y cuando llegan a hacer una pues la hacen bien. En cambio una... Yo también me siento mejor cuando como bien, verduras, fruta, pero cómo se antoja lo que no debo comer. Eso me enseña que no hay felicidad completa.

Anonymous said...

Lo irónico del asunto, mientras nosotros hacemos dieta otros mueren de hambre.

A Ramos said...

hola Blanca y anónimo, ah, cómo pienso en esa ironía cada que como una manzana o veo la última coliflor al fondo de la olla. Imagino y creo entonces, que hay que vivir a pesar de toda las ironías de la vida.

akamu said...

sssssssss... las dietas, si, creo que ha cierta edad nos llega el 20 de que necesitamos hacerla... o sino, junta dinero para comprarte ropa más holgada.

dale duro, ojalá llegues a tu peso soñado