Monday, January 03, 2005

Un paso atrás de mi

Apenas abro los ojos veo las chimeneas de las fábricas envueltas en el humo y la bruma matutina. El autobús va a paso lento por esta parte de la avenida y pasamos de lejos a la gente que espera su microbus y a las vendedoras de tamales y atoles. Algunos cerros se ven en medio de la mañana, sólidos y con sus puntas coronadas por las antenas de televisión y más allá, cuando el autobús trepa por un puente, logro ver el gran llano, los edificios que están por aquí y por allá, mostrando su sereno aire de modernismo y pienso en Monterrey con sus serenas avenidas post-año nuevo.

Finalmente el autobus llega a la central del Norte. Espero a que baje la mayoría de la gente y ya sin prisa voy por mi maleta y con la lap y la mochila al hombro entro a la sala de llegadas. La gente se amontona en todo lugar. Veo con desgana que la fila para los taxis es kilométrica. Por todas partes hay rostros de gente apurada pero en la fila reina una resignada espera. Avanzo con lentitud y cuando llego digo las palabras ensayadas: a Villa panamerica, por la UNAM.

Afuera los trolebuses aguardan y es increíble la cantidad de gente que sale y sale y no deja de salir de la central. En los aparcaderos de taxis no hay lugar para nadie y el aire frío se viene colando rabiosamente desde la cien metros hasta chocar contra nosotros. Alguien debería de tener un letrero que te dijera: "bienvenido" pero en su lugar sólo estan las bocas oscuras del metro y el ir y venir de los camiones en la avenida. Y sin embargo, no pasan más de cinco minutos para que vaya ya en el taxi escuchando a Gutierrez Vivó e informándome de la loca mañana defeña: un camión se ha volcado en Zaragoza y Boulevard Puerto Aereo; hay un accidente cuando un camión de la extinta ruta 100 ha arrollado y matado al menos a una persona, a la altura del circuito. A esa noticia se le agrega otra más: acaban de ultimar a un muchacho de 17 años en el eje central, cerca de la plaza de la computación. El reportero dice, y su voz nos llega afiebrada por el ansia, que el impacto entró por la ventana y le demolió el cerebro al muchacho. Dice también que éste, sólo se recostó del lado izquierdo del asiento y ahí se quedó.

Bajo la ventanilla y me sorprendo de que no haya tráfico. El taxi avanza con rapidez por circuito interior. Pasamos por San Cosme y veo la torre de Pemex tan alta como sólo ella y después de reojo el castillo de Chapultepec con sus almenas rojizas. Más acá se iergue la torre mayor: espléndida y fina y metros adelante la hermosa iglesia de las carmelitas descalzas con sus fachadas duras y rocosas y su cúpula amarilla y reluciente como un dedo de oro.

Pero el taxi sigue y cuando entramos a la avenida Revolución dice la radio que se espera para este inicio de 2005 un crecimiento de 3.5% anual y más de 350,000 empleos, cifra muy lejana aún al millón de empleos que Fox prometió en sus campañas. Cuando llegamos a Mixcoac nos informan que ya se tiene el nombre del presunto asesino del eje central: responde al nombre de Carlos Rico: el afamado líder de los ambulantes de la Corregidora y La Moneda. El reportero nos cuenta que hay más datos sobre el asesinato: el presunto Rico iba en una moto y se emparejó al neón donde iba el asesinado. Le disparó dos tiros y con el primero logró su cometido para después huir entre las calles del centro histórico. Ahora sale el nexo: el asesinado tenía problemas con Rico por el control de la zona o problemas por tener un buen lugar para la venta, cosa a la que Rico se negó.

Finalmente salimos a la UNAM y contemplo las entradas del estadio Universitario y las astas banderas huérfanas. Del otro lado la bruma aún no se disipa y se ve a media la torre de rectoría y los murales de la Biblioteca Central así como las grandes iniciales del MUCA. Y no hay tráfico. Así que cuando llego a casa subo las escaleras, abro y me encuentro a Ana y Jaime desayunando. Me lavo los dientes, veo el regalo que está sobre mi escritorio (lo abriré llegando a casa) y salgo. Tal parece que en 16 días las cosas no deberían de cambiar pero me sorprendo de ver a la misma mujer del panorámico que viste sólo un bikini rosa y de escuchar aún el "regala una sonrisa, ya está aquí el juguetón..." Cuando oprimo el botón del elevador digo: otra vez el quinto piso.

Mi lugar esta como lo dejé. Ya estan todos ahí. Regalo las glorias, recibo los abrazos y cuando me siento miro de nuevo la montaña rusa y pienso: ahora sí voy a ir. Pero como dice Nancy, ya estas otra vez en tu vida: En otro tipo de vida, le digo, bueno X, me contesta desesperada en el messanger. Puede ser. Ya estoy de vuelta aunque no sé muy bien qué significa. tal vez nunca estaré de vuelta hasta que regrese a Monterrey y diga: ya volví.


No comments: